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Opinión
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La luz de Blanco

EL 11 DE julio de 1997 la Guardia Civil localizaba a josé Antonio Ortega Lara en un zulo de Mondragón después de pasar 532 días encerrado en él. En esa operación policial, en la que intervinieron más de 60 agentes, fueron detenidos sus cuatro secuestradores.

Comenzaba la cuenta atrás para ETA, así lo aseguraron muchos estudiosos del tema, ya que el mazazo había sido de unas consecuencias absolutamente inimaginables para la banda de asesinos.

Pero esa cuenta atrás tendría un paréntesis en medio, un paréntesis con crónica de una muerte anunciada, que sonaba a sacudida desmedida de la serpiente etarra como herida sin curación.

Yo se lo oí contar  en persona al ex ministro Mayor Oreja hace no muchos años, y nos conmovieron a todos los presentes durante su alocución, aquellas pausas que parecían eternas, aun impregnadas de tristeza, dolor y rabia contenida.


Por primera vez en un silencioso hasta entonces País Vasco, la gente se echó a la calle en una reacción colectiva sin parangón


Nos decía que la noticia del secuestro de Miguel Ángel Blanco la había recibido de una manera inaudita hasta entonces. Se encontraba en su despacho del Ministerio del interior reunido con su homólogo anterior en el cargo, Juan Alberto Belloc, cuando irrumpe una incrédula a la vez que aterrada secretaria, transmitiendo la información recibida a través de una llamada en su extensión telefónica en nombre de ETA diciendo que habían secuestrado a un concejal del PP en el País Vasco como respuesta a la liberación de Ortega Lara, al tiempo que exigían el acercamiento de los presos de la organización terrorista a las del País Vasco. A continuación, confirmación del diario Egin, y seguidamente la triste constatación del hecho mediante una conversación con el entonces presidente del Partido Popular del País Vasco Carlos Iturgáiz. 48 horas después era asesinado por los repulsivos verdugos de ETA.

Este pasado jueves 13 de julio se cumplían 20 años de aquel fatídico día; y casualidades tétricas de la vida, si un mismo día Miguel Ángel 13 había visto la luz, un mismo día 13 esa luz de Blanco pasaba a negro.

A negro de muerte, a negro de luto, a negro de tinte en las mentes que las gentes de bien, que no eran capaces de asumir la monstruosidad ocurrida, no eran capaces de manejar sus sentimientos ante una mezcla de incomprensión, indignación, tristeza y asco.

Dos días antes recibíamos la noticia de su secuestro con aviso de triste final. A partir de ese momento, el corazón de España y del mundo entero recibía la noticia sacudiendo para mal todo su ser, al tiempo que la mente practicaba en cada uno de nosotros todo tipo de expectación anhelando la existencia al menos, de un atisbo de alma en los cuerpos de los despiadados y sanguinarios asesinos.

Las 48 horas que trascurrieron desde su secuestro hasta su liberación, fueron eternas. Cuando se recibió la noticia que llegaba con vida al hospital de San Sebastián aún concebíamos una gota de esperanza, pero esta se secó de forma vil al ser informados de su muerte por asesinato.

Por primera vez en un silencioso hasta entonces País Vasco, la gente se echó a la calle en una reacción colectiva sin parangón, en el resto de España igualmente, pero en Euskadi los actos y gestos significaron mucho más. En ese mismo momento ETA perdía la calle. Sin duda esa muerte anunciada, excusada de la peor de las maneras posibles por venganza a la liberación de Ortega Lara, venía a significar la más bellaca venganza a la magna actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sobre ETA.

Un acto absolutamente incalificable desde el punto de vista humano al igual que todos los protagonizados a lo largo de la tremebunda existencia de esa gentuza, pero esta vida que jugaba en manos de esa ralea con pronta fecha de caducidad y transmitida a través de varias secuencias en directo, se presentaba como un chantaje sin calificativos, como una afrenta a la libertad del Estado en definitiva, a la de todos los españoles.

Estos días pasados, en los medios de comunicación, en las redes sociales, en los grupos de whatsapp, en las conversaciones entre amigos, compañeros y hasta en el quehacer cotidiana todos hablábamos de lo que estábamos haciendo ese día, el día que nos marcó a fuego en el alma, ese día en que una persona que practicaba la democracia y la libertad en un ambiente de terror, como sólo los valientes hacen, pasó del Blanco de su apellido al momento de más negra oscuridad del trance de la muerte.

Y todos lo recordamos, y todos lo seguiremos haciendo, al menos las personas de bien, porque ya hemos visto los gestos de algunos políticos y no políticos que son dignos de asco, indignación y vergüenza ajena. Quién iba a decir que esta desgracia surgiese algo positivo, y de qué manera, ya que muchos que hasta entonces callaban por miedo o por algún atisbo de connivencia alzaron su voz, y lo hicieron al unísono con los millones de personas que salimos a la calle a denunciar y condenar tan horripilante acto, y me consta directamente que no solamente fue en España, ya que yo llegué en noviembre de ese mismo 1997 a cursar un máster a Madrid en donde de los 25 alumnos 19 eran iberoamericanos, y me contaron que en sus diversos países bien se habían encerrado a rezar llenando iglesias, catedrales y plazas públicas, bien a manifestarse en contra del horror en el lugar más próximo.

Por testimonios directos sé que se solidarizaron con España y con Miguel Ángel en Costa Rica, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Ecuador, México, Colombia, Uruguay, y hasta en Noruega, por mi compañera de piso; indirectamente se que esa noticia sacudió al mundo entero. Por desgracia tuvimos que perder de la manera más vil a un vecino, a un compañero, a un amigo, a un hermano, a un hijo, pero bien es cierto que la cuenta atrás anunciada de su vida dos días antes, se convirtió en la verdadera cuenta atrás de la existencia de esa banda del terror.

Miguel Ángel, que sepas que tu estela ahí, iluminando con tu ejemplo cada momento de flaqueza de todos aquellos demócratas que alguna vez hemos pensado en tirar la toalla.

Miguel Ángel, tu luz que es reflejo de valentía, libertad y esperanza, ha sido reconocida por todos, y de una forma especial por todos los gallegos, que a través de los que nos gobiernan te hemos concedido la medalla de Oro de Galicia, de esta Galicia que te ha acogido con los brazos abiertos para que descanses eternamente, para que desde ahora tu luz tenga los destellos de oro de los que nunca se olvidan, de los que nunca mueren.

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