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Rocío Carrasco Rocío Carrasco
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Una veleta en el tejado

LA COPA DEL Rey es para los equipos modestos una veleta que siempre apunta para el lugar adecuado. Si el viento sopla de cara, como el martes al Lugo, está bien librarse de una competición que lo único que hace es complicar la vida a una plantilla que tiene el punto de mira puesto en la Liga. Si sopla de cola, como el martes al Tenerife, es un torneo ilusionante, el complemento perfecto para la Liga y el paraíso para los jugadores que suelen ver desde el banquillo o desde la grada los partidos del fin de semana.

Van cuatro partidos y el Lugo aún no sabe lo que es ganar. La situación no es alarmante -precisamente porque van solo cuatro partidos- pero está claro que hay, como dicen los entrenadores, muchos detalles por pulir.

El viento sopló de cara y hay que aprovecharlo. Luis César tiene tres nuevos futbolistas a sus órdenes y muchos entrenamientos por delante para que las cosas buenas se asienten y las malas se esfumen. El botón de la alarma está aún muy lejos, en otra habitación, pero en el día a día está el camino para que la veleta gire 180 grados en la Liga. Ahí sí. Ahí sí que es importante hacia donde apunte.

El del martes fue un golpe de esos que no duelen mucho, pero también es cierto que van cinco años de trompazos en este torneo y algo fastidia. Cuando Manu metió aquel penalti en Cádiz dibujó de un plumazo al Lugo en el mapa del fútbol. Llenó de orgullo a una ciudad que por fin iba a hablar de tú a tú con otras para las que salir en las quinielas es el pan nuestro de cada día. El que más y el que menos se imaginó a un equipo de los grandes en el Ángel Carro. Han pasado varios: Deportivo, Zaragoza..., pero en horas bajas. Ya de soñar hacerlo a lo bestia, y la Copa es la competición perfecta para ver cerca del Miño a los jugadores que despiertan la imaginación a los niños.

Pero no. Otro año más no podrá ser. También es cierto que con el formato actual para que un equipo con el Lugo se empareje con un conjunto puntero de Primera tendría que llegar prácticamente hasta cuartos de final o semifinales, pero lo cierto es que la sensación de que hay una espina clavada se respira en la afición rojiblanca.

Habrá que esperar pues. Lo mejor es olvidarse de lo que pasó ayer y centrarse en la Liga. De poco serviría una alocada aventura por la Copa si al final te cuesta el matrimonio. Lo primero es cuidar de casa y la del Lugo está ahora mismo en Segunda División. Veinte años costó construirla a base de colocar piedra sobre piedra. Por aquí nos sabemos el cuento de los tres cerditos. De paja no se puede hacer, no vaya a venir un viento loco que tire hasta la veleta del tejado.

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