CRÓNICA POLÍTICA
Una estabilidad llamada Vipspartito
20/06/2011 - Adrián Rodríguez (Pontevedra)
''No me quiero imaginar un escenario en el que el PP tiene ocho concejales y PSOE y BNG también, con VIPS como llave''. La reflexión corresponde al fin de la campaña de 2007 y es de un político destacado de Sanxenxo. Temía que el exalcalde José Luis Rodríguez Lorenzo pudiese negociar a dos bandas y convertirse en la pieza imprescindible para gobernar. Aquel escenario no se dio, ya que Catalina González Bea se hizo con la Alcaldía por mayoría absoluta, apenas unos meses después de que Telmo Martín le dejase el puesto y pusiese rumbo a Pontevedra.
Rodríguez Lorenzo sí se convirtió en llave cuatro años más tarde, en las municipales del mes pasado, pero la situación había variado notablemente debido a la entrada en escena de Sanxenxo Agrupación Liberal (SAL). Los tres concejales de los escindidos del PP abrían nuevas variantes. Entre ellas destaca el hecho de que Catalina González tenía dos opciones de pacto. Es cierto que el acuerdo con SAL era muy difícil porque implicaba la renuncia de la alcaldesa y eso era casi imposible ya que ella se sentía más que legitimada cuando había conseguido ocho concejales, apenas uno menos que en los comicios anteriores, en los que el PP se presentó unido, pero es igual de cierto que la actitud que tuvo Rafael Louzán con la agrupación local de Sanxenxo, dejando hacer sin inmiscuirse personalmente, según sus propias declaraciones, habría sido muy diferente en caso de que hubiese visto peligrar la Alcaldía. Y es ahí donde entra en juego otro factor novedoso, consecuencia también de la irrupción de SAL: la alternativa de estabilidad a un gobierno del PP implicaba un pacto a cuatro bandas entre nacionalistas, socialistas, VIPS y los escindidos del PP, lo que no daba margen para muchas esperanzas de entendimiento a corto, medio y largo plazo.
Esa fragmentación dio más margen de maniobra al PP, que incluso se vio favorecido esta semana por las diferencias internas del PSOE y su concejal díscolo, Marcos Redondo. A pesar de que el edil no se planteó pactar con los ‘populares’, introducía un elemento de incertidumbre en el proceso y coincidió en el tiempo con la recta final de las negociaciones entre el PP y VIPS, que el lunes estaban casi cerradas pero a las que les quedaban algunos flecos. Pese a que el 'fichaje' de Redondo suponía una opción descabellada, Rodríguez Lorenzo no ha olvidado que vivió en sus propias carnes una situación más inverosímil en 1995, cuando, tras conseguir una mayoría absoluta liderando al Partido Socialista, tres concejales de su grupo decidieron plantarle cara y aquellos cuatro años de 1995 a 1999 se convirtieron en un camino lleno de obstáculos. Es decir, la opción de Redondo era descabellada, pero cosas más raras había visto el exalcalde en su época.
Lo más lógico a esas alturas era un pacto PP-VIPS. A priori, solo podían presentarse dos problemas. Por un lado, el pasado socialista de Rodríguez Lorenzo. El único alcalde del PSOE que ha tenido Sanxenxo iba a pactar con el PP. En realidad, Rodríguez Lorenzo se ha ido apartando del partido, ya que tras su regreso a la política, en 2006, pretendió ser el cabeza de lista de su antigua formación y lo rechazaron. Sus lazos con el PSOE, pues, están completamente rotos.
El otro problema eran sus enfrentamientos con la alcaldesa durante los pasados cuatro años. La oposición de Rodríguez Lorenzo ha sido posiblemente la más dura que ha soportado Catalina González Bea. Los críticos dirán que no tiene sentido pactar con quien ha sido tu enemigo, y los seguidores que si quieres cambiar algo lo mejor es hacerlo desde dentro. Habrá que ver qué capacidad de cambio tiene el líder de VIPS desde la cartera de Medio Ambiente. Lo único cierto es que para los sanxenxinos es preferible este pacto que un gobierno en minoría. Al menos hasta que se demuestre lo contrario.
De azote de la alcaldesa de Sanxenxo a socio de gobierno
Si con alguien ha tenido Catalina González enfrentamientos duros en este mandato es con José Luis Rodríguez Lorenzo. Pese a que el portavoz de VIPS llegó a declarar que no eran de recibo las dudas mostradas por el PP con respecto a su candidata, no cesó de criticar la labor de la alcadesa. Dijo que no le daría su voto en la investidura, pero opina que llegar a un pacto es algo diferente.
Pactos que se ultiman: Pontevedra y Poio
Pese al ejemplo de vigo, donde el BNG ha decidido no entrar en el gobierno (aunque sí apoyar a Abel Caballero en la investidura), todo indica que es inminente la firma de dos pactos bipartitos más en la comarca de Pontevedra. La capital provincial y Poio parecen a punto de reeditar los acuerdos ya firmados en 2007. En ambos casos, la fuerza dominante es el BNG y en ambos casos los nacionalistas han conseguido rentabilizar al máximo su acción de gobierno, consiguiendo votos que hace cuatro años habían ido a parar a los socialistas. Por tanto, las mayores dudas estaban en el bando del PSOE, que podía caer en la tentación de convertir los bipartitos en bigobiernos con el objetivo de hacerse más visible. En ese supuesto, sobresaldrían los intentos por demostrar que hay dos concellos o, mejor dicho, dos partes del concello. Ese sistema no va a ninguna parte y se reduce a un mero reparto de poder en el que, por añadidura, se es al mismo tiempo gobierno y oposición.
Afortunadamente, el portavoz del PSOE de Pontevedra, Antón Louro, tiene claro que ese no es el camino y así lo dejó claro en una entrevista concedida a este periódico a los pocos días del resultado electoral. ¿Cuál es la solución entonces?, se le preguntaba a Louro. ¿Cómo ser leal con el socio de gobierno y no acabar engullido por el partido mayoritario? Es algo que nadie ha conseguido descifrar en toda Galicia y se cuentan con los dedos de una mano los casos en los que el pez chico le ha dado la vuelta a la situación y se ha hecho con la Alcaldía. La solución de Louro y que se supone que va a poner en marcha cuando se cierre el bipartito pontevedrés pasa por practicar una labor de partido más intensa. Es decir, se trataría de que el PSOE fuese capaz de explicar sus planes y su acción de gobierno de una manera más clara, sin que ello suponga una deslealtad hacia sus socios. Por ejemplo, Louro citaba la necesidad de intensificar encuentros sectoriales y por parroquias para que los grupos beneficiados supiesen qué proyectos eran obra del Partido Socialista. Así, no le ocurriría lo que le sucedió a Fernando Blanco, el exconselleiro de Industria, cuando era concejal del BNG en Lugo y los vecinos pensaban que era el mejor miembro del equipo del alcalde, López Orozco. Socialista, para más señas.
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