La mosca negra
16/03/2008 - Arturo Ruibal
El calor de una primavera anticipada, la sequía y ciertos residuos electorales han anticipado la aparición de la mosca negra, peligroso díptero de carácter anárquico que surge como una plaga en los lugares más insospechados de esta capital. Hay muchos motivos para la preocupación: en Zarzuela y aledaños han sabido por un historiador alfonsino que el cielo llegó a oscurecerse con enormes bandadas de ese insecto pocos días antes de ser proclamada la II República y hasta Leticia, la bienamada princesa, ha debido posponer la elección de bolso, tan difícil por la pareja belleza de los que factura su tía Henar y los ideados por Isabel Sartorius. Pobre Isabel, que iba para lucir corona y se quedó en bolsera mayor del Reino. El cronista, ávido de noticias, se coló en la fiesta que La Gaceta de los Negocios, periódico de la factoría Opus, ofreció en un palco del Bernabéu; asistió mucho periodista de derechas, felices porque el PP se haya liberado al fin de su pasado nostálgico y se haya convertido en el partido del centro reformista con toques socializantes y amén. También por allí andaban Rajoy, Esperanza Aguirre, Cañete y otros dirigentes de Génova que, tal vez por efecto del vinillo jerezano, pronto comenzaron a maldecir la labor de Acebes y Zaplana, ambos tan reaccionarios que han impedido a los demás mostrar todo el progresismo que llevan dentro. Alguien gritó “¡que los lapiden!” y una periodista rubia puso en manos de Esperanza la primera piedra. Ella lo pensó, miró a unos y otros, sonrió y la lanzó al fin contra el cráneo de Zaplana; cien piedras más cayeron sobre ambos mártires de la causa, que en el suelo quedaron a merced de las moscas negras mientras los demás daban vivas al nuevo PP y Esperanza bailaba un pasodoble con Monseñor Cañizares, que al principio se resistía pero “por no desairar” se marcó unos pasos muy bien ejecutados. Ante semejante espectáculo el cronista recordaba el “plan B” de los populares, que incluía la entrega de la presidencia a Esperanza Aguirre y el retiro de Rajoy a la Xunta; éste no aceptó y su decisión de luchar hizo retroceder a los otros, además de aliviar profundamente a Núñez Feijoo. Pregunto: ¿puede cambiar el PP o sólo parecer que cambia? Cuesta creer que la derecha española se haga europea por arte de birlibirloque, porque Rajoy, tras una noche de lágrimas y de apoyo familiar, se haya caído del caballo ultramontano y se despierte reformista. Sé que la conquista del poder justifica cualquier maquillaje, pero ¿es creíble semejante viaje en compañía de Pedro Jota, la Cope, la Conferencia Episcopal, los dirigentes de la AVT y el conglomerado económico -confesional de Opus, Legionarios, etcétera? A cierta distancia de Génova contemplaba esta semana Zapatero las moscas que ensombrecían el paisaje serrano, aunque ya el sábado comenzase él sus largas vacaciones en Doñana (¿tan poco trabajo tiene un Presidente, pese a que la situación económica sea de emergencia?) A esa marisma del Guadalquivir se lleva la confección del nuevo Gobierno, en el que Miguel Sebastián quiere entrar, Pepe Blanco ha renunciado a intentarlo y el PSC exige representación acorde con los veinticinco diputados que aportó a la caja común; claro que de los catalanes ya cuenta con Chacón, Vegara y algún otro, pero la lista debería incluir a un vasco, tal vez Jáuregui, y a la cuota andaluza, y repescar a López Aguilar, y mantener a Molina, a Soria, a Rubalcaba. Y a los vicepresidentes, claro, pese al regateo de Solbes, que quiere controlar la Energía desde su ministerio. Todo eso no impedirá al Presidente alternar con los pescadores del Guadalquivir, tomar unos langostinos en Bajo de Guía y probar la manzanilla de Sanlúcar, que para presumir en esos lugares se ha llevado la carta de felicitación que Bush le ha enviado; dicen que tras la llamada telefónica del presidente norteamericano, Zapatero comenzó a dar carreras por los pasillos de Moncloa mientras se golpeaba el pecho y gritaba: “¡Soy grande, Sonsoles, alternaré con George en la OTAN y juntos salvaremos a Irak!” Y, nadie sabe cómo, empezó a hablar con acento tejano. Me cuentan en La Garriga, embajada gastronómica de Cataluña donde se adquieren butifarras exquisitas, que una nube de moscas negras ha oscurecido el combate a “senyerazos” entre Carod y Puigcercós, cuyo fracaso electoral ha causado tanto placer en esta Corte. Y no quiero hablar del pinchazo sufrido por el PNV, que ha causado estupor en los restaurantes de cocina vasca y deja al nacionalismo en un momento delicado, por más que Ibarretxe, buen jugador de póker, amenace con el referéndum si no hay acuerdo previo con Zapatero. Difícil es lograrlo cuando unos de los interlocutores amenaza con un órdago, pero todo indica que el lehendakari intentará obtener así más competencias y evitarse un posible batacazo. Peor que todo eso es el panorama de Izquierda Unida, reducida a dos diputados testimoniales; aparte de que la Ley Electoral sea injusta y de que el coro mediático haya convertido los comicios en un duelo a dos, parece que parte del mal está dentro de la propia IU, en la lucha del PCE contra Llamazares. Triste decadencia de quienes, hace ya muchos años, creyeron en una utopía que había de cambiar el mundo.





