Los últimos días de Zoltan el húngaro
03/09/2010 - Manuel Jabois (Pontevedra)
Los últimos días los echó en el sanatorio de Santa María, desahuciado, sólo con alguno de aquellos pequeños y viejos libros entre las manos y resistiéndose a ir a la ducha. Podía llegar a estar cinco días sin cambiarse la ropa, ni siquiera la interior, y olía tanto que después de una ducha obligada un día lo dejaron finalmente con el pijama del centro sanitario. Fumaba fuera, caminando cabizbajo por los jardines y aplastando los cigarros como decía Leopoldo María Panero que había que aplastarlos: como si fuesen niños.
Nadie lo visitaba, salvo una mujer que de vez en cuando se acercaba a dejarle más libros; los consumía con la misma facilidad que sus pitillos de sabor vainilla. Nunca le dio problemas a los empleados y su trato con ellos fue siempre amable y correcto, salvo por el detalle de la higiene. Ni siquiera su dependencia del alcohol le agrietó el carácter, quizás porque de vez en cuando salía del sanatorio y achicaba por ahí.
De tan lejos había venido que nadie reparó en que de aquel hombre no sólo no había noticias ni familia, sino que no tenía un solo papel consigo que certificase que se llamaba como él decía que se llamaba, lo cual supuso un problema a la hora de enterrarlo; la asistente social del Santa María tuvo que hacer un informe que permitiese que el Concello diese sepultura digna a quien había sido uno de sus vecinos más ilustres: un mendigo desaseado y borracho que era una autoridad en medievalismo, autor de la genealogía más completa de la familia Andrade, una de las más poderosas de la Edad Media.
"Venían a buscarlo con documentos antiguos"
Hace sólo un año, antes de que el cáncer volviese a repicar en su cuerpo, se dejaba caer en la entrada del supermercado Froiz de Benito Corbal, estiraba el brazo y no levantaba la cabeza salvo cuando le daban chance. Nunca pidió una moneda, y hasta ese extremo llevo su orgullo de marca: se limitaba a abrir la mano sin cartel ni palabras que suplicasen nada. Así que Zoltan Varga Haszonits acabó sus días de forma original: era un pobre orgulloso que no pedía. Si alguien le hablaba, sacaba penosamente de entre sus ropajes unos dibujos hechos por él a propósito de la Praza da Leña, A Peregrina, San Bartolomé y otros centros habituales de peregrinación turística de Pontevedra. Pero hasta en los últimos tiempos fotocopiaba los originales suyos y los repasaba luego con el lápiz, revelando su secreto. Por diez euros. Por cinco, si ya le ofrecías cinco.
Este andrajoso de rostro encarnado, de manos con el color casi violáceo que la piel adopta después de mucho alcohol trasegado y una vida indomable, fue un reputado medievalista, un paleógrafo de prestigio y uno de los genealogistas de referencia que pasó por el Archivo Histórico de Betanzos para dejar una obra descollante: el mejor árbol genealógico de los Andrade, una de las grandes familias gallegas en la Edad Media. Su trabajo concienzudo y puntilloso se publicó en el Anuario Brigantino; fue la pegada más sonora que dejó Zoltan en Betanzos, donde vivió unos pocos años, se enamoró un par de veces y huyó finalmente siguiendo el rastro de su pareja sentimental, Luz Soto, una joven profesora que daba clases en el instituto betanceiro y se fue a trabajar a Pontevedra, ciudad en la que murió tras un cáncer fulminante. Al quedarse solo, vivió una época en casa de un amigo en Combarro, pero sus días los acabó en la calle, buscando cobijo en soportales. Era frecuente verlo encogido en invierno en la antigua Casa da Luz de la Verdura, hoy reformada, o echado sobre un cartón en un portal infame de la calle San Román.
Hace un par de años Zoltan apoyaba sus láminas con dibujos en la pared del banco Santander, en la Praza da Peregrina. Con ellas sacaba el dinero que le permitía disfrutar del coñac, o en su defecto vino de cartón. Fue entonces cuando un día alguien le hizo llegar el primer libro del escritor e historiador Rodrigo Cota, en el que revelaba un estudio en el que profundizaba en la teoría del Colón gallego. El genealogista le prestó atención y se interesó por algunos aspectos del trabajo. Los presentaron, y Cota empezó con él una relación extraña, como cualquiera que mantiene lazos de afecto con un alcohólico que vive en la calle. El pontevedrés le llevaba de vez en cuando documentos antiguos para que Zoltan le hiciese la transcripción. Era un asunto bien curioso. Aquellos papeles de siglos atrás los descifraba el vagabundo con precisión de cirujano. El hombre que sostenía los papeles con manos temblorosas hacía el trabajo por una copa de coñac y un par de dibujos. "Alguna gente venía a buscarlo con documentos antiguos. Montábamos una especie de paripé. Yo les hablaba de Zoltan, y les decía que había que ponerle coñac, comprarle un par de dibujos e interesarse por ellos, mostrando curiosidad por su talento artístico". Así se hacía todo, y Zoltan, halagado, vendía tres o cuatro láminas.
El húngaro era de familia acomodada. Contaba que su madre era pintora y su padre, militar de alto rango, llegó a ser presidente de la Liga de Fútbol Húngara. Se formó universitariamente como filólogo y sabía seis idiomas, entre ellos el esperanto. Esa variedad le permiría detectar con más facilidad raíces latinas del castellano antiguo; su hermana, decía, llegó a ser presidenta de la primera asociación mundial de esperantistas. Él estaba en Galicia después de un periplo extraño que lo había depositado en Mallorca e Italia, donde tuvo una hija con la que no tenía relación. De Italia voló a Barcelona, y desde allí llegó a Galicia; en el sanatorio Santa María contó que por trabajo. El 16 de diciembre de 2009, ya enfermo en Pontevedra, el Ayuntamiento de Betanzos anunció en el BOP que le incoaba el expediente para darlo de baja en el padrón.
La cuesta abajo la había empezado de manera definitiva en el pueblo coruñés. "El aquí coñeceu e empezou a vivir cunha muller de Santander. Cando se separaron as cousas xa lle empezaron a ir mal", cuentan sus compañeros del Archivo Histórico. "Ir mal" significó irse a vivir de okupa a un lugar destartalado en el que ni se podía estar de pie del frío que hacía. Sus colegas le ofrecían dinero para irse a un hotel o una fonda, "pero el os cartos gastábaos onde lle parecía".
"En canto bebía, palmaba"
En Betanzos nunca llegó a estar contratado. Trabajaba como colaborador. No tenía papeles. "Aquí cuando llegó vimos que era una persona extraordinariamente inteligente, que pintaba cuadros y los pintaba además muy bien, pero vino completamente indocumentado", dicen en Santa María. "Zoltan era un tío moi especial; ía ao seu aire. Estábamos detrás del para que solucionase o dos seus papeis e puidese ser contratado normalmente, pero el non facía nada. Era desesperante". Allí tenía amigos y ya había convivido con una mujer antes de conocer a su novia santanderina.
En el archivo recuerdan que, alejado del alcohol, era un trabajador de primera. "Era boísimo, concienzudo e atopaba os defectos dos documentos como ninguén", señalan: "Controlaba moitísimo". Allí lo definen como una persona extremadamente independiente y orgullosa que se trastornaba cuando se encontraba bebido. "En canto bebía, palmaba", resume gráficamente un compañero suyo. Tenía malas contestaciones para todo el mundo y se le agriaba el carácter. Fue el alcohol el que lo echó barranco abajo. "Tiña ese problema, e había que estar detrás del vixiando para que non bebese, porque sempre estaba co coñac", dicen en el centro documental.
"Como estoy, soy feliz, no tengo grandes ambiciones; a mí me gusta la vida que llevo y vivir en Pontevedra me resulta totalmente gratificante", dijo al portal Vidavedra el pasado verano. Entonces confesaba tener claro que prefería no volver a Hungría ("allí me sentiría como un extraño") tras vivir tanto tiempo en Galicia. "Yo pinto estampas urbanas y me gustan las obras del ser humano que tienen buen gusto y estética", decía. De Pontevedra le entusiasmaba la iglesia de A Peregrina "por su abrupta originalidad". Informaba, de paso, que el templo lo erigió entre otros Antonio Soto, antepasado de su fallecida novia. Y si lo decía él, genealogista de rango, había que creerle.
"Yo he trabajado con genealogías alguna vez y te vuelves loco", dice Cota. "En la época medieval tenían la manía, por ejemplo, de llamar a los nietos con el mismo nombre que los abuelos. A veces los descendientes ni se apellidaban igual. Luego estaban los casados y los amantes, así que hay que distinguir los hijos naturales de los bastardos, sobrinos… Hay que estar horas y horas". De hecho, la particular teoría de Cota es que a Zoltan su trabajo con la genealogía de Andrade lo dejó "tocado". "Es la más completa que existe y estamos hablando de una familia muy potente en la Edad Media. Él trabajó muchísimo sobre ella; yo pienso que lo dejó escarallado".
Zoltan daba chupadas largas a sus cigarros; bebía vino de cartón. Había superado un cáncer, pero el cáncer volvió; empezó en el páncreas y esta vez se desató con más violencia. Se le extendió por el cuerpo, absorbiéndolo, y aquella invasión atroz lo dejó a las puertas de la muerte.
El final
"Me llamó hace siete u ocho meses desde el Hospital Provincial. Estaba en Oncología. Me pidió por teléfono cervezas y tabaco, y se lo llevé todo con un libro, para que se entretuviese", cuenta Rodrigo Cota. La estampa con la que se topó fue con la de un hombre consumido. Pasó con él un tiempo y después se fue. Volvió a llamarlo días más tarde. Zoltan estaba ya en Santa María leyendo libros y fumando al aire libre, en el juego travieso de evitar la ducha. Le pidió a Cota nuevamente cervezas y tabaco, pero la situación de Zoltan no estaba ya para alegrías clandestinas y Cota no fue a verlo; cuando llamó al cabo de unos días, el móvil del genealogista, de 62 años, estaba apagado o fuera de servicio. Había muerto el 14 de marzo de 2010. El personal sanitario confirmó que su hija lo estaba buscando a través de internet.
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#6 Por galegoceibe 14-09-2010 23:05
Amigo Zoltan ,botamoste de menos!!!.Sempre quedaran no meu Corazon os momentos compartidos querido Amigo.Ala onde estés espero que che surtan de pinceis e lapìceiros pra poder seguir asi a tua Obra xa Celestial en ese inmenso escaparate chamado Ceo.Añoramoste Amigo.
Teu sempre Amigo.Alfredo.
Pd-Nonsei si esto chegara a leelo a sua filla ,pero si asi fora decirlle que inda conservo alguns dibuxos (postales) regaladas por el e que gustosamente compartiria contigo.Un saudo.Meu correo:
galegoceibe9@hotmail.com









