Poesía
12/03/2010 - Ramón Rozas
Única verdad que nos reconforta. Íntima compañía de nuestras soledades. Rimas de un pacto social e ideológico, pero sobre todo versos de la dignidad. La poesía de Luis García Montero emerge como un bálsamo en una España lacerante, y al hablar de poesía me refiero a una postura ante la vida, una manera de posicionarse ante lo que nos rodea. Su ejemplar actitud le ha llevado a una resistencia perenne ante la injusticia, ante todo aquello que agreda al ser humano. Militante del compromiso, al igual que ‘la ciudad sospecha de sí misma’, Luis García Montero sospecha cada vez más de las sombras que nos oscurecen. Desde Rota se abriga de esas nubes, nubes negras que canta su amigo de voz encendida al que ahora también regala letras en un ‘quid por quo’ donde el trueque se llama amistad, esa redención del hombre y patria en la que ondea la bandera de la libertad. Caricias de Almudena, risas de hijos mezcladas con los murmullos del mar, amigos a la mesa, y Granada, eterna Granada, como fondo de una biografía. Sensaciones terapéuticas ante reveses en forma de sentencias, insultos y viudas. ‘Inquietudes bárbaras’ en defensa de la razón, argumento contra su habitual negación en una sociedad irracional, cada vez más carente de valores, protagonizando un desengaño cívico y moral, y al final, la poesía, bandera de la libertad.
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