Un grito de espanto


Etiquetas: Jenaro Castro

10/03/2010 - Jenaro Castro

el desprecio con el que se ha tratado el auto del juez Velasco sobre la presunta colaboración del chavismo con Eta y las Farc arranca las caretas oficiales. Resulta de enorme gravedad permitir con condenas de boca chica la demonización de un magistrado de la Audiencia Nacional al mismo tiempo que te sumas a la teoría de la conspiración contra el temido Garzón ensalzando la figura de este personaje que será «muy valiente» en la lucha contra Eta pero que tiene pendientes 3 querellas sobre su conciencia y una decisión peligrosa sobre el chivatazo a Eta. Es poco alentador observar cómo algunos se pliegan a las presiones ideológicas contra el Poder Judicial y acusan al PP de estar detrás del acoso y derribo del campeador estrella, el mismo que celebraba con júbilo en aquella cacería de infausto recuerdo la posibilidad del socialismo perpetuo. Es denigrante para una democracia observar la impunidad con la que se miden acciones a todas luces no legales y se sentencia sobre la presunción de inocencia de otros con el sectarismo propio de quien se emplea con resentimiento y rencor. Después de la manifiestamente mejorable gestión diplomática del caso Chávez, hemos tenido que escuchar de su ministro de Exteriores hablar con absoluto discurso incendiario de «la mafia de Aznar», como si ese canciller bolivariano fuera un reaccionario de extrema izquierda más militante del totalitarismo soviético que representante de un pueblo democrático. El número 2 de Felipe González que ajustició con acierto el terrorismo de Estado, el mismo que guardó en un cajón el caso GAL y lo desempolvó como venganza a su fracaso político volviendo a la judicatura sin ni siquiera sucumbir como todo quisqui a las incompatibilidades, ese juez se atrevió a dictar la estrategia en su escrito al Supremo diciendo que «el PP está detrás» de sus propios excesos y extralimitaciones. Y no contento con esa salida de tiesto impresentable, llegó a pedir que 3 vocales se abstengan bajo amenaza de recusación como si la Ley que mancha las togas con polvo del camino sólo valiera cuando se emplea contra el rival político e ideológico. Todo está bien con el caso Gürtel y las fosas de la ‘desmemoria’ pero no cuando afecta a los carceleros de la libertad, esos que se apropian del bien para situar a los que no piensan igual en el gueto del mal. Ya se ve, si, cual es el mal de este país, con un paro desbocado, un ejercicio de la política que debería estar sujeto a la permanente máquina de la verdad y una sensación de que todo vale en la esforzada profesión de lo público. El ambiente empieza a ser tan bochornoso, que los poderes se separan o mezclan al antojo de la conveniencia partidista. Los ciudadanos quedamos desvalidos ante este fraude democrático en el que se hace lo contrario de lo que se dice. Somos comparsas del sistema oligárquico donde brillan por su ausencia los valores éticos y morales con los que la larga sombra de aquellos políticos de la Transición avergüenza el hecho presente. Lamento, amigo lector, el pesimismo. Pero hay veces que dan ganas de gritar ante el horror. Morriña.com apela hoy, en efecto, al grito del espanto.

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1 comentario

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#1 Por FESTIN 10-03-2010 19:54

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A verdade e que Zapatiños saliu ra...na.


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