Fe auténtica
08/03/2010 - Jesús Iglesias
Las religiones oficiales son uno de los mayores atentados que se han engendrado contra la libertad moral. Aunque existen tantas sectas como canales televisivos de pago, sólo unas pocas tienen, por su persistencia en el tiempo, un carácter inmanente de autenticidad. Catolicismo, protestantismo, islamismo, judaísmo. Predican una supuesta bondad ética, pero para pertenecer a Dios, todas establecen no sólo la necesidad de fe, sino que imponen un modelo de creencia basado en verdades absolutas: han elegido a un predicador de entre los miles que poblaron la tierra, y unos libros, de los incontables que llenaron las bibliotecas en la antigüedad. La etiqueta de verdad no la tiene el hecho de la existencia de Dios (que sería el fondo de la cuestión), sino el contenido de esas escrituras. Las interpretaciones de la Biblia o el Corán suelen saltarse cualquier tipo de análisis histórico-social. Casos como el del judaísmo, en su versión más ortodoxa, rozan el delirio: un pueblo es el elegido por Dios, lo que significa que los demás (por eliminación) no lo son. Una paradójica similitud con el pensamiento de superioridad racial que impulsó a la Alemania nazi. Hemos dejado que existan también multinacionales en un ámbito que sólo debería definirse por la libertad de creer o no en una divinidad y en la promesa de otra vida. Resulta intolerante que los nuevos rapsodas de lo sobrenatural les digan a otros seres humanos cómo deben creer.
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