El viajero
09/02/2010 - Jesús Iglesias
Conocí a Philippe Casaux al llegar a Bogotá. Su español con marcado acento francófono evidencia que no ha sido criado como ‘cachaco’ (bogotano), pero sus rasgos mestizos reflejan el origen colombiano de su sangre. Tiene casi 27 años, su hogar está en el País Vasco francés y se dedica a producir música. Pronto reconocí en él a uno de esos mochileros que esperan encontrar su lugar en el mundo y que buscan llegar a conocerse un poco más a través de la propia experiencia del viaje: la vida en puro estado de vivencia, el camino por el simple hecho del camino. Ser capaces de seguir, observando el horizonte y sin mirar hacia el futuro. Pero Philippe tiene además otra motivación esencial en su existencia para estar en Bogotá. Al poco de nacer, su madre biológica lo dejó en un orfanato y, cuando tenía tres meses, una pareja francesa lo adoptó. ç Ahora necesita encontrar a la persona que le dio la vida para estar en paz y poder seguir adelante. “Ni siquiera espero que me hable, sólo quiero ver cómo es su cara, sus ojos y su pelo”. Todos perseguimos lo mismo. Nos quedamos paralizados sin saber por qué no podemos respirar, hasta que reunimos la fuerza para cerrar la caja del pasado y el valor suficiente para que las decisiones importantes las tome el corazón. Y ser, al final del camino, lo que queremos ser.
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