Tomás Eloy
07/02/2010 - Adrián Rodríguez
El universo de los libros se conforma de pequeños mundos particulares, de cómo ve cada uno un ejemplar, de en qué momento de su vida estaba cuando lo leyó... de tantas cosas. En mi universo particular, Tomás Eloy Martínez ocupa un lugar destacado. Es uno de los tres autores a los que he leído un mismo libro dos veces. «El vuelo de la reina» no es una obra culmen de la literatura, pero encierra en sus páginas lo que para mí es el oficio de escribir: trama amena, personajes bien diseñados y estructura sin fallos. Esas tres características hacen que el libro fluya, que es lo mejor que se puede decir de un libro: que las páginas vayan avanzando sin que uno se dé cuenta. Después escribió ‘Purgatorio’, en la que, como siempre, Argentina se mostraba omnipresente. No fue lo mismo, pero uno se ha guardado las joyas para el final. Tomás Eloy Martínez murió hace unos días y hay que dosificarlo en pequeñas dosis para que dure lo máximo posible. ‘Santa Evita’ y ‘La mano del amo’ esperan que las vaya a buscar a a la librería, una este año, la otra al que viene. El autor bien lo merece. Las razones las explicaron mejor que yo la semana pasada: los diarios se llenaron de necrológicas y de artículos laudatorios, no sólo como escritor, sino también como periodista. «Era el mejor de todos nosotros», dijo García Márquez. Y a uno siempre le ha parecido muy feo eso de llevarles la contraria a los Premios Nobel.
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