Arrugas
06/02/2010 - Ramón Rozas
Olvídense del ochentero «la arruga es bella», el siglo XXI en boca de Adolfo Domínguez se recordará por ‘el despido es bello’. El modisto ourensano echa por tierra de un plumazo años y años de conquistas sociales y laborales haciendo campaña por el despido libre. Sin condiciones, sin traba alguna, a la puta calle sin más explicaciones. Su experiencia como empresario así se lo recomienda, y ¿su experiencia como persona? esa se debió quedar con lo de la arruga. Suponemos que aquellos tiempos eran de sueños y de ilusiones, de ganas de trabajar, de forjar un proyecto industrial y artístico, territorios por donde fluye la moda, ahora, el paso del tiempo, el éxito y las arrugas del alma han convertido al diseñador en uno de esos gurús postmodernos dedicados a abrirnos los ojos a los demás mortales con los grandes males que azotan a este mundo, que en parte ellos mismos han sido quien de construir. Mediante discursos directos, frases contundentes y grandilocuentes titulares enarbolan las banderas de una nueva religión, en la cual, como muchos políticos, suelen olvidarse de lo fundamental en la sociedad, el ser humano. Adolfo Domínguez continuará ganando dinero con su trabajo y el de sus empleados, seguirá participándonos sus verdades reveladas, pero no sé si muchos trabajadores volverán a pisar sus templos de la moda.
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