Cine

''Yo maté mucho''


Etiquetas: spaguetti western, Eduardo Fajardo, homenaje, entrevista

23/09/2009 - Manuel Jabois (Pontevedra)

En 1967 Anthony Seffen, estrella del spaguetti western, echaba las tripas por la boca tras pasar varias horas rodando al sol en el desierto almeriense. Padecía un problema respiratorio que no contaba a nadie por temor a que le causara problemas en su carrera, pero aquella tarde se encontró con Eduardo Fajardo y tuvo que contárselo para pedirle ayuda. Como quiera que Seffen no le chistaba al director, tuvo que ir Fajardo al jefe y decirle que no podía seguir por hoy.

 

-¿Por qué, Fajardo?

 

-Porque no me sale de los cojones. Y además tengo almorranas y no puedo ni rozar la silla del caballo.

 

Probablemente Quentin Tarantino, admirador del spaguetti western, sepa mucho mejor quién es Eduardo Fajardo (Mosteiro, Meis, 1924) que algunas de las jóvenes estrellas del cine español. Actor en 183 filmes, villano eterno en las películas de los secarrales de Almería donde se forjó la leyenda de estas particulares películas del oeste, Fajardo es una leyenda entre los seguidores del género. Así lo reconoció la Semana de Cine de Lugo, que estos días le ha dado un homenaje.

 

«He de decir que estoy orgullosísimo de volver a mi tierra y recibir el calor de los gallegos», dice. En Almería, donde vive desde hace veinte años, primero en Mojácar (lugar que conoció en el rodaje de uno de los capítulos de Curro Jiménez) y luego en Huércal, es poco menos que una institución: fue pregonero de su Carnaval, ha recibido distintos premios y desde 2001 dirige ‘Teatro sin barreras’, un bonito proyecto con personas discapacitadas que representa por toda España. «No conocemos fronteras», bromea.

 

No para, a pesar de sus 85 años. «Lo que voy hacer al volver a Almería es rodar una película en los pueblos de los westerns», cuenta. «Lo llevo dentro. De esta manera la vida no se hace más corta, sino más agradable». Se fue de Mosteiro con cinco años para La Rioja, donde paró hasta los 18. Entonces decidió marchar a Madrid a buscar su oportunidad. «Quizás he tenido suerte o quizás ha gustado mi trabajo, pero tengo muchísimos años, y he de decir que la vida ha sido generosa conmigo. Eso sí: no digo que no me duela algún que otro hueso». 

 

Ha sido malo, malísimo, y su rostro se ha paseado torvo por las televisiones de medio mundo. «No me ha traído problemas, qué va. Yo he hecho siempre de malo, pero la gente es cariñosa. Tengo el mejor recuerdo del público y de mi profesión», explica. Eduardo Fajardo, en sus tiempos, llegó a rodar quince películas al año. Empezó como actor de doblaje hasta que en 1946 se puso delante de la cámara. En los años 50 se fue a México, donde compaginó cine y televisión. Su primer spaguetti western, en 1965, fue El Séptimo de Caballería. Ya entonces hizo de malo. «Telly Savallas, Anthony Steffen, Frank Wolf..., son decenas de actores con los que he estado. Recuerdo muchos nombres».

 

 «Yo participé en tiroteos, monté a caballo y todo eso, pero está en el cine y en internet. El que quiera conocer mi trabajo lo tiene en ese medio», dijo el lunes en Lugo, ante unos periodistas sorprendidos a los que aún les quedaba por escuchar los secretos del caldo y la empanada que hacía su madre. Ayer, Fajardo, relajado en su hotel, antes de partir a recitar un monólogo con el que cerraría su participación en la Semana del Cine, estuvo más predispuesto a hablar de su carrera. «La época de la fiebre del western dejó un recuerdo muy bonito. Nos dio mucho trabajo a los actores, y se crearon pueblos y fuentes de ingresos. Ahora estos pueblos están ya paralizados y sólo se dedican de vez en cuando a alguna que otra película, o intervenciones para programas de publicidad y televisión. Se defienden, vamos, pero ya es poco lo que hacen».

 

Como buen malo, Fajardo hizo de las suyas en los westerns. «Yo maté mucho, sí. Era mi trabajo. Los malos siempre matamos a mucha gente, pero también es cierto que morimos más que los buenos. Y yo me morí mucho». Riesgos corrió pocos, aunque recuerda algunas carreras a caballo a velocidad excesiva. Fajardo dice no haber tenido espejos en los que mirarse en los míticas películas del oeste norteamericanas. «Cada actor tiene su personalidad, y lo que tiene que hacer uno si tiene un personaje bueno, es llevarle la bondad del personaje al público. Y el malo, que lleve la maldad. Para que lo maten».

 

¿Es cierto eso de que el caballo del malo era más lento?

 

«No, qué va. Los caballos son todos iguales. Pero si el argumento de la película exige que el del malo corra menos, pues tendrá que correr menos».

 

Es, a sus 85 años, el primer homenaje que Eduardo Fajardo, este pontevedrés de Mosteiro, recibe en Galicia.

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2 comentarios

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#2 Por nilzaize 04-02-2010 19:29

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Sin duda alguna este maravilloso actor se robo el espectaculo de los años 50, llegué a verlo en cintas, donde la actuación fue supremamente fascinante, tales como "Escxuela de Rateros", "La Intrusa","Orgullo de mujer" y otras, jamás olvidaré su postura de actor de primera. Felicitaciones por haber tenido el privilegio de llegar a los 85 y más.


#1 Por filomeno 05-10-2009 01:42

Normal

Gran actor gallego


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