Terry
28/06/2009 - Adrián Rodríguez
Terry era inglés. O aún lo es. No lo sé. Desapareció un día y nunca más se supo. Se ganaba la vida en la puerta de la iglesia de la Rúa das Orfas, en Santiago, y cualquiera que frecuentara el entorno de esa calle y de la Plaza de Mazarelos a mediados de los 90 sabe quién es. Facilitaba el acceso al templo a quien se acercara, aunque su clientela habitual, su público objetivo, eran las mujeres mayores de 60. Decía hola. Él sacaba su sonrisa y ellas sacaban el monedero. Juntaba una buena cantidad y se dejaba caer cada poco por el Itatti, donde pedía ‘a big, big glass of water’. Un día, el dueño, Pepe Carril, acabó un poco cansado: «Estou do vaso de auga do inglés ata os collóns», pero abrió el grifo igual. Me acordé de Terry esta semana cuando vi a un señor mayor haciendo globos sencillos en el centro de Pontevedra. Trataba de ganarse a los niños para llegar a los padres y a los abuelos, al estilo inglés. No estaba delante de ninguna iglesia, sino en Benito Corbal, que es más larga y da para repartirse el territorio entre varios. Si Terry llegase a Pontevedra y decidiese apostarse en la entrada del convento de San Francisco, tendría que pelearse con la gitana que se ofrece a decirte el futuro y, si no quieres, lo que te dice es un mal de ojo. Terry no haría nunca eso. Sólo pedía vasos de agua del grifo y abría la puerta de la iglesia a las señoras. Si no le daban nada, sonreía igual. Creo que a eso, en las facultades, le llaman técnicas de venta.
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