Música
Iván el Terrible
25/03/2009 - Belén López (Pontevedra)
“Amaro, ¿tú te sabes ‘Espectáculo’?”. La canción es del primer disco de Iván Ferreiro en solitario, ‘Canciones para el tiempo y la distancia’. No es de las que suelen pedirle los ‘fieles’ (un público, mayoritariamente femenino y un tanto orgásmico, capaz de recibir los primeros acordes de un tema fetiche con gritos de histeria), pero el viernes se pudo escuchar en Pontevedra. “Eres espectáculo, es-pec-tá-cu-lo, y tú ni siquiera lo llegas a notar”. Parece hablar de sí mismo. Eso es Iván Ferreiro, con banda, sin ella, en la plaza del
pueblo, en un pabellón de deportes, en un teatro, en plan acústico… Espectáculo al fin y al cabo. Resulta imposible despegar los ojos de un tipo que, cuando está a gusto y le da la gana, parece una supernova a punto de explotar.
La sala Karma de Pontevedra celebró este marzo su tercer aniversario y lo hizo con un mes de fuegos artificiales: cuatro o cinco conciertos brutales (We are standard –este fue en febrero, pero fue brutal igual-, CatPeople, Los Coronas, Half Foot Outside…) que culminaron el viernes con una vieja aspiración de los responsables del local cumplida, traer en plan acústico a Iván Ferreiro. La cosa no podía pintar mejor porque el ex Piratas, recién terminada la gira de ‘Mentiroso mentiroso’, su por ahora último trabajo, se embarcó en una nueva serie de conciertos para presentar el disco en plan acústico, por locales pequeños y acompañado de un par de músicos. Llamó a esta historia ‘Las tres y media’ y dentro de ella aparecía incluida una fecha en la sala pontevedresa. A pesar del precio de las entradas (20 euros), nada más salir a la venta, se agotaron. El local vivió el viernes un lleno histórico difícil de superar.
Y así fue recibido ‘Iván, el terrible’ en Pontevedra, con un local a tope de incondicionales en ebullición. Salió al pequeño escenario y se puso frente al piano. Junto a él, tan sólo su hermano Amaro, a la guitarra. Se sobran y se bastan. El coro está casi siempre asegurado. En sitios como Pontevedra, si cabe, más. Aunque empezaron un poco ffríos y era fácil cuestionarse la idoneidad de este formato para sus canciones y para un tipo que sobre el escenario puede convertirse en el diablo de Tasmania (aquí atado durante dos horas a un asiento), al asunto le echaron tripas desde el minuto uno los de abajo, los fans. Y acabaron conquistando a la estrella con semejante entrega. Tardó en saludar a sus “vecinos” (“¿estáis a gusto?”, preguntó), les paró los pies cuando hizo falta (le pedían ‘M’ a los diez minutos; “Hay tiempo para todo, hay tiempo para todo”, les contestó), pero poco a poco se fue acomodando y les encontró el punto. G, también.
Cuando hay amor, a nada que haya roce, acaban pasando estas cosas. Como cuando en el descanso que se tomaron los hermanos se toparon con 300 personas cantando a capella ‘Turnedo’ enterita. “Ahora ya no la cantamos, ¿no? Lo habéis hecho vosotros”, bromeó Iván Ferreiro. La cantó, la cantó. Y también ‘M’ y ‘Promesas’. Concedió canciones. Y concedió tiempo (no se fue del escenario hasta bien entrada la madrugada). Dio las gracias un par de veces a la gente de la sala, se abrazó a su hermano y se marchó como lo que es: el tipo al que todos los chicos se quieren parecer y al que todas las chicas quieren tener. Como Rocco Sigfredi, que es siempre otro.
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