El valor de la marca


Etiquetas: Manuel Jabois

18/03/2012 - Manuel Jabois

En el tren un oscense me avisa: 

-Huesca es la ciudad más fea de Europa. Pero tiene AVE.

Claro que tiene AVE, pensé. Vive uno en Huesca y se planta en una hora en Barcelona y en dos en Madrid. Vive uno en Pontevedra y se planta, sin más. Además el AVE tiene bar, o cafetería, aunque lo llamo bar porque acabamos echando la cerveza por el suelo y tuvo que salir la camarera con la fregona. Tengo la sensación de que ya pueden juntarse los editores de Libros del KO con sus autores en una iglesia que sólo se va a echar de menos la gogó.

-Nenos, me hago viejo -le digo a Emilio Sánchez-Mediavilla y Alberto Sáez.

-Es el AVE, hombre, que va muy deprisa.

A Huesca fueron a juntarnos a unos cuantos periodistas (allí estaban amigos como Ander Izagirre o Alfonso Armada) para hacer lo que últimamente hacemos mucho, que es hablar de periodismo. Además, más de un centenar de alumnos universitarios de Periodismo nos preguntaron por el estado del periodismo, y los periodistas respondimos todo lo periodísticamente que pudimos. Sol Gallego-Díaz clausuró así el congreso: «Si para si para saber qué sucede en Homs basta Twitter, Facebook o los blogs de quienes viven en la ciudad, ¿por qué fue allí y por qué murió Marie Colvin? Yo no creo que su trabajo en Homs pudiera haberse hecho mirando los twitters o los blogs. Colvin fue a Homs porque su testimonio era importante. Ella buscaba la verdad de los hechos».

Si Huesca es la ciudad más fea de Europa no me dio tiempo a comprobarlo, pero tenía su cosa coqueta, y el hotel era magnífico, que es lo que importa cuando uno viaja. Yo tenía que hablar del valor de la marca y me sentaron en un escenario desde el cual veía una multitud de cabecitas cada una con su ordenador o su Ipad, y empecé a acomodar el culo mientras se sentaba a mi lado otro periodista con marca, que era Nacho Escolar.

Así estaba, empezando a gustarme por dentro con unas palabras que tenía preparadas, cuando de repente vi a mi chica pálida entre la multitud. Le pregunté con la mirada qué ocurría, pues estaba todo a punto de empezar y el auditorio ya presentaba un lleno, y me señaló lo que me pareció a mí el paquete. Deslicé tímidamente la mano hacia allí, no fuera a ser que la presencia de tantas alumnas en la grada hubiera despertado en el peor momento una pasión incontrolable, pero con lo que me encontré fue lisa y llanamente un trozo de cojón, que Dios me perdone. El pantalón se había rajado por entero en la entrepierna, lo que los delicatessen conocemos como perineo, y el calzoncillo presentaba un ‘tomate’: aquella doble apertura me dejaba a mí, televisado en directo, con un sonrosado testículo al aire.

Yo había ido a hablar de mi experiencia como periodista, quería explicar la presencia de un personaje literario en mis columnas, el hecho periodístico que debe subsistir en un artículo, las cientos de horas que uno dedica a escribir o delante del papel o la pantalla leyendo lo que escriben otros, comúnmente los mejores, pues se aprende más rápido cuando uno va a rueda de los buenos; quería hablarles, en definitiva, de la aventura que supone hoy empezar un proyecto, como el que nace con Ponte.tv en la red, y de la pasión por este oficio, pero al final me pasé mi intervención tratando de que no se me saliesen los huevos.

Estiré las piernas muy juntas y me eché sobre la silla como si fuera una hamaca y estuviese fumando hachís en pipa. Luego me enteré de que en Twitter se me estaba llamando «chuloputas», o que parecía que estaba a punto de dormirme, o que estaba profundamente aburrido. Nada de eso: fue la hora y media más apasionante de mi vida.

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2 comentarios

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#2 Por JLearte 27-03-2012 12:05

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Enhorabuena por la columna, y por tu trabajo. Mi sobrina Blanca, periodista y encima guapa, me acaba de recomendar tu trabajo, te buscaré. Huesca no es nada fea, ese comentario es muy típico de nosotros los aragoneses (no hagas mucho caso).Tiene un punto de Vetusta, y huele a Pirineo.


#1 Por CarlosBruque 19-03-2012 15:00

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Charlie Brooker tuvo una muy parecida no hace mucho. Te falta un pelín de humor para ser el Charlie Brooker español, que la verdad, nos hace muchísima falta. No hay columnistas con los que te partas la polla.


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