Querido lector: Atrás queda Cádiz con su Sancti Petri, su Puerto de Santa María y su Sanlúcar de Barrameda. Atrás, con su Jerez de señoritos y su “Caí” de aduana en puerto. Atrás quedan las faenas del Juli y José Tomás. Y atrás, donde el Guadalquivir se une al mar, se queda un Zapatero que no deja de maquinar y cruza en barquito del parque doñanero y felipista a la civilización peninsular de la realidad. ZP se ha recluido en Doñana con su amigo Javier de Paz y no piensa en la crisis. “Ya pasará”, comenta a quien le quiere escuchar. Su obsesión es vender como logros de su Gobierno la disminución de las muertes en accidentes de tráfico gracias al carnet por puntos y la intimidación del Ejército de la Chacón en la lucha contra los incendios forestales. Nadie quiere que pase lo de Galicia de hace dos años, con Touriño y Quintana jugando a la cuadrilla apagafuegos mientras el monte se quemaba o lo quemaban. Rajoy anda pensando en la cuesta política de septiembre, que sin duda le costará subir mayormente al Gobierno ZP. Pero Zeta ensaya la hipótesis de que De Juana desaparecerá sin dejar rastro, con lo que desaparecido aunque no muerto el perro, controlada la rabia. Pero si ZP se atreve a pensar en bajo esa salida al caso De Juana, se supone que el CNI sabe algún secreto a voces de la novia del asesino de ETA. No está mal como supuesto para dejar de lado el debate sobre la cadena perpetua o la pena de muerte. Pero Zeta, entregado como está a la influencia de Javier de Paz, primero secretario de la Juventudes Socialistas y ahora consejero de Telefónica, come de vez en cuando con la prensa para pedir apoyo incondicional a Patxi López. No deja de sorprender esa debilidad por lo vasco tras esa fallida negociación política con los terroristas, tras esa escandalosa permisividad jurídico-política para que ANV- ETA accediera a los ayuntamientos, tras la ambigüedad socialista en la cosa de Euskadi luego del bochornoso intento de poner en la calle a De Juana antes de tiempo. Será que, como siempre, ZP sólo piensa en clave electoral y ve posible que Patxi, el que se pasó tres pueblos con Rajoy en la capilla ardiente del ex concejal socialista asesinado en las vísperas del 9-M, puede ser el próximo lehendakari. Si de lo que se trata es de desalojar al PNV del poder, hay precedentes sobrados para desconfiar tanto del nacionalismo peneuvista como del socialismo vasco que negoció una tregua tan sospechosa como fallida. Y digo y escribo que para ese viaje, para el viaje de controlar en los límites democráticos el asedio nacionalista, ya sea político o financiero, como es el penoso caso catalán, sólo hay el camino de un gran pacto PSOE-PP, que es mucho más sano y constitucionalista que andar con argucias mediáticas y políticas contra el independentismo coincidente del nacionalismo radical y de ETA. En fin, que Zapatero se lo está pasando en grande con Sonsoles y Javier de Paz en Doñana en tanto que Cebrián trata de cuadrar cuentas en el intento de que Telefónica pague la factura de Digital + como ya hizo la primera vez con la fusión de Canal Satélite y Via Digital. Zapatero argumenta en su retiro de Doñana que no ha ido a Pekin porque esa representación es cosa de la Casa Real. Pero una fuente fiable me sopla que si pasamos del record de medallas, Zeta cogerá el avión presidencial para meterse 10 horas de vuelo entre pecho y espalda y ponerse de paso esa medalla que tan bien se cuelga cuando España logra un éxito deportivo internacional. Por cierto que los monárquicos de toda la vida, esos del ABC a diario, canela fina ansoniana y un firme en pié tieso y erguido cuando se recuerda al padre del Rey, andan tan revueltos como disgustados. Primero para que no ocurra lo del verano pasado, cuando Doña Letizia se hizo una foto de yate con la Reina cabreando a alguna de las infantas y al inefable Peñafiel, al que los borbónicos ya le tienen por infiel y desleal. Y segundo porque el “Príncipe se quitó la chaqueta en la ceremonia inaugural de los juegos Olímpicos”, algo que los puristas de la Corona no perdonan por estar fuera del protocolo. Con todo, a mi Don Felipe me sigue pareciendo el futuro más seguro de este país llamado España, porque le tengo por astuto y cabal, preparado y equilibrado, sincero, honesto y buena gente. O sea, que me parece a mi que esos borbonistas de salón deberían pensar más en tirarle de las orejas a ZP porque es quien gobierna la crisis, y dejar menudeces como lo de la chaqueta. Porque peor que quitarsela por el calor infernal de Pekin que también siente la realeza humana, mucho peor digo es cambiarse de chaqueta en asuntos de Estado como han hecho y hacen algunos políticos sin principios ni escrúpulos y algunos plumillas del oportunismo columnista y tertuliano. Atrás queda Cádiz, de paso por Madrid, caminito de Galicia.
12/08/2008