¿Por qué saltamos? ¿Por qué gritamos con Perico, vamos, Samu, dale, Samu, dale, dale, dale? ¿Qué nos une con un tipo que ha nacido en Asturias, al que no conocemos, a quien no tratamos? ¿La bandera? Alguien dijo una vez que no hay más patria que tu barrio, que si te mudas al otro lado de la ciudad, añoras a tu gente igual que si te marcharas a otro país. Es posible. ¿Pero qué hay de las costumbres comunes, de los rituales compartidos. ¿Tenemos algo en común con Samuel Sánchez, con Pau Gasol, casi más americano que español? El raciocinio nos habla de apostar por los hombres, por las afinidades de personalidad. Pero esprinta Samuel Sánchez y nuestros gritos mañaneros despiertan al vecino del primero, igual que los triples de Navarro en el Mundial de 2006, igual que Freire en 1999, igual que Torres este verano, sólo un goleador al frente de un puñado de niños pijos conduciendo un Porsche. ¿Qué es la patria? Mi ídolo ciclista de juventud era Andrew Hampsten, un americano al que conocí sólo cuando ya empezaba a estar de vuelta del fenómeno fan. ¿Quién era Hampsten? Un americano que había ganado el Giro y que todos los años aspiraba a hacer podium en el Tour y nunca pasaba de ser cuarto. ¿Qué me unía a él? Ni yo lo sé. El peinado rubio, quizás, el eterno escalador que nunca llegaba antes que Indurain. Samuel Sánchez. Su mujer veranea en Marín. Yo no lo sabía cuando saltaba encima del sillón y gritaba ‘vamos, Samu’ a un tipo al que no había visto en mi vida.
11/08/2008