China es culpable

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  • Jueves 20.11.2008

China es culpable


Arturo Ruibal.

La Asociación de Amantes Españolas (ASAME) ha tenido la delicadeza de invitarme a dar una charla sobre “Amor, sexo e inflación”, lo que me ha permitido conocer de cerca a un colectivo de gran tradición literaria y de enorme importancia histórica (verbigracia: ¿existiría nuestra Monarquía actual, tan querida y constitucional, si Isabel II, ante la homosexualidad rampante de su esposo, no hubiese coleccionado amantes?).Hay en el local fotografías de mujeres que hicieron célebres sus orgasmos con Alfonso XIII, Millán Astray, Durruti y tantos otros, pero también un cartel de considerable tamaño donde se lee “China es culpable”. Carla me dice que ahora todo el mundo culpa a China, “ya sabes, por su déficit de derechos humanos, pero también por muchas otras cosas”. Esa noche, en la verbena de San Cayetano, entre vapores de aceite rancio y personas vestidas de antiguas (mierda de casticismo, tan casposo), tomamos una ración de las inevitables gallinejas: ¡qué asco!, dije al probarlas, pero mi malhumor se tornó asombro cuando el tabernero me replicó que “la culpa es de los chinos, que no tienen democracia” mientras las notas desconchadas de un organillo dejaban oír el himno del Real Madrid (nunca digáis aquí lo de Real: ese club es Madrid a secas, tal vez porque fue el equipo más identificado con la República, hasta tal punto que los franquistas se plantearon suprimirlo. No lo hicieron, y en lugar de eso decidieron apoderarse de él; para ello se valieron de Bernabéu, un manchego interventor del Estado que entró en Barcelona con las tropas franquistas y sabía mucho de fútbol). Yo estaba confuso: ¿y si los chinos, me decía, fuesen culpables de la muerte de Jesucristo, lo que explicaría su piel amarilla y de paso exculparía a Israel, que es de los nuestros? Uno tiende a no creer en las historias de buenos y malos, pero si hasta el presidente Bush, que ya ocupa un lugar en la Historia como defensor de los derechos humanos, se atreve a criticar al régimen de Pekín, por algo será. Bajo una canícula inmisericorde caminan algunos ciudadanos; se les ve estragados, pero contentos porque el Gobierno de Esperanza Aguirre recicla mediante cursillos a médicos que llevaban años alejados de su profesión; no es que Esperanza y sus consejeros vayan a ponerse en esas manos, desde luego que no, pero les sirven para hacer número y suplir a los que se han marchado por falta de incentivos. Será que para atender a un parado no hace falta ser un genio. La gente se refugia en los bares refrigerados y habla mucho de Sebastián, que por dar ejemplo de ahorro se ha marchado a China para ver la Olimpiada a nuestra costa; un enterado me dice que las bombillas de bajo consumo, tan loadas, tienen en su interior entre tres y cinco miligramos de mercurio, cantidad suficiente para contaminar treinta y cinco mil litros de agua, y un dispositivo electrónico de difícil reciclaje. Pero esto es Jauja, y más si ganamos alguna medalla de oro, que para aprovecharse de ella están los políticos: la Casa Real capitaliza los éxitos desde el principio merced a la presencia de los Príncipes, pero Zapatero aguarda desde Doñana su oportunidad y no me sorprendería que, si la cosa va bien, al final haya en Pekín más políticos españoles que chinos. No es que el protocolo sea importante, pero causa regocijo que Moratinos, Sebastián y Lissavetsky llegasen tarde al izado de nuestra bandera; seguro que llegan más puntuales a los banquetes. En la alta noche permanecen los irreductibles, gente que vive de la maledicencia y de trasegar media botella de güisqui por velada; sostienen que “como fuera de casa, en ninguna parte”, y te soplan que en Génova están preocupados porque temen que muchos votantes tradicionales aprovechen las europeas para pasarse al partido de Rosa Díez. ¡Malditos chinos!, dicen que dijo Rajoy al enterarse. Alguna noche me llevo a Carla a una fiesta privada para que la chica, tan afectada por el calor, pueda disfrutar en la piscina; la primera vez se sorprendió levemente porque nadie usaba bañador, pero luego ya no. En uno de esos encuentros me mostró Florentino una foto de su casa en Andraitx (Mallorca), que sólo le ha costado veinticuatro millones de euros “y tiene helipuerto”. Claro, es que sin helipuerto ya no se puede vivir. Más cuesta el famoso cheque-bebé concedido por Zapatero: mil millones de euros en su primer año. Sé que es divertido cobrarlo, pero mantengo que es injusto porque no diferencia entre padres ricos y pobres; a fin de cuentas, uno sigue creyendo que el Estado debe velar especialmente por quienes lo necesitan, pues los otros saben cuidarse solos. Si al cheque.bebé le sumamos los cuatrocientos euros, que ningún pobre ha cobrado, y la supresión del Impuesto de Patrimonio, más la casi eliminación de los de Sucesiones y Donaciones, ¿mantendremos que este Gobierno es de izquierdas? Lo dicho, malditos chinos. Un taxista me dice que invierte en petróleo, que ya tiene en casa cuarenta litros, y que “así empezó el rey y ya ve, ahora es uno de los brokers europeos más importantes”. Le corto, no quiero que critiquen a mis superiores, pues sé de su sacrificio: mucha gente ignora que este año, tan crítico, la Familia Real ni navega ni acude a restaurantes; es más, ni siquiera se ha desplazado a Mallorca. Y en cuanto a Zapatero, ya veis, encerrado noche y día en Moncloa tratando de solucionar la grave situación. Si no fuera por los chinos esto sería Eldorado.

09/08/2008

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