Duchas
27/01/2012 - Manuel Jabois
El Concello de Sanxenxo quiere hacer duchas de pago, como el fútbol, una medida comprometida porque la playa, en general, suele ser lo último gratuito que le queda al hombre. Nadie paga por mojarse en Galicia, donde todo son dudas, y el que se moja, como el concejal Rodríguez Lorenzo al irse con el PP, normalmente lo hace para cobrar. Sanxenxo, lo que quiere, es pagar sus desbarres urbanísticos poniendo a duchar a los ourensanos, que son capaces de coger el coche desde Silgar e irse a Samil a pasar la tarde. También se pretende ahorrar agua, que enfrente del Atlántico tiene su cosa metafórica. Lo único que se conseguirá con la medida es que los que somos dejados salgamos de Silgar con las arenas pegadas a los tobillos y las limpiemos en el paseo -los que nos las limpiemos- poniendo eso intransitable. La playa, además de su vuelo estético, es también un espacio de libertad en el que aparte de ir desnudos no se paga nada salvo el parisién. Cuando los revolucionarios de Mayo del 68 gritaban que bajo los adoquines estaba la playa no sabían que se cobraba en las duchas; el capitalismo, como las fugas de gas, conquista espacios impensables. Se imagina uno a Leo DiCaprio llegando a la playa de Danny Boyle entre porros y chavalas con un cobrador al lado de las duchas y da la risa un poco; a falta del lavado, este verano en Sanxenxo, todos más jipis.
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