La fiscal del Tribunal Penal Internacional, Carla del Ponte, había advertido en 1997 que Radovan Karadzic se encontraba en Belgrado. A pesar de su detención propiciaría una recompensa de cinco millones de euros a quien diese la pista certera, siguió moviéndose con la libertad que le permitía disponer de cómplices en los aledaños del poder. La situación cambió después de que el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos John McCain hubiese advertido de que desvelaría el informe que Karadzic había entregado al tribunal de La Haya sobre Slobodan Milosevic a cambio de garantías de impunidad, que habría obtenido de la Administración presidida entonces por Bill Clinton. Una pregunta que se plantea gira sobre la posibilidad de que Barack Obama hubiese intervenido para precipitar los acontecimientos. Acusado de genocidio y otros crímenes de guerra, y con 200.000 cadáveres sobre su conciencia, estrechó las manos de los dirigentes de las instituciones europeas, a cuyas puertas llama ahora Serbia para que le franqueen el paso como compensación ¿Será suficiente con una pieza? ¿Cuánto tardarán en entregar a otro criminal de guerra, a Ratko Mladic?. Mientras dirigían las atrocidades, con la complicidad de la Unión Soviética, y Yugoslavia se desangraba, la Unión Europea miraba para otro lado. Da la impresión de que todo sirve para seguir con el mercadeo.
24/07/2008