Como ocurre en el Bernabéu los días de partido, el Congreso del PSOE había convocado en derredor a numerosos vendedores, trileros, mendigos de monocorde cantinela, predicadores de paraísos imposibles, saltimbanquis y pícaros. Desde un tenderete se ofrecían “¡muñecos hinchables para congresos, mitines y conferencias! ¡llene su local de admiradores por un precio insignificante!” Mientras riadas de congresistas e invitados pasaban entre las barracas de tiro al blanco cuya diana era Rajoy, desde un coche de la COPE pedía Jiménez Losantos el arrepentimiento de los asistentes. El lema del Congreso, “Giro a la Izquierda”, había levantado gran expectación y varios banqueros acudían con matasuegras, narices de payaso y otros objetos de sana diversión. Pero el giro iba en serio: Moncloa había ordenado que los congresistas saliesen de su coche oficial por el lado izquierdo. Es cierto que algunos delegados quisieron someter a debate el acuerdo de la UE sobre los inmigrantes, pero Corbacho, que se había quitado la corbata para demostrar su simpatía por los pobres, les hizo ver los peligros de que esa gente extraña se reagrupe, de que los hijos puedan vivir con sus padres, y las enormes ventajas de que los menores puedan ser expulsados, aunque se desconozca su país de origen y sean enviados a otro. Carla, que acudía dentro del cupo destinado a la “gente guapa”, me señaló a Bono, que atendía por su móvil un problema surgido en su cuadra de caballos. El hombre estaba fastidiado porque siempre le están molestando: “que si los caballos, que si las tres tiendas Tous de mi mujer, que si la finca...¿es que no se puede ser de izquierdas sin que te den la lata?” Un poco más allá hablaba en voz baja un grupo de mujeres: “está bien que las inmigrantes puedan votar en las municipales, pero mejor estaría que pudieren abortar libremente”, “cuidado, que viene Blanco”. Vaya con Blanco, el ejecutor de los designios de Moncloa: acorralado en las encuestas por la crisis, Zapatero necesita ganar el favor de algunos sectores y nada mejor que debatir (sin compromiso, claro) de cuidados paliativos, incluso de eutanasia, aunque resulte insólito que un partido socialista se reúna en congreso y no hable de redistribuir riqueza, no critique la supresión del Impuesto de Patrimonio, ni siquiera comente los conflictos interterritoriales con la que está cayendo. Pregunté a uno: ¿y si Ibarretxe ignora al Constitucional, qué? Palideció y sólo musitó “mejor no pensarlo”. Claro que la respuesta sería idéntica si preguntáremos a uno del PP. Pero de esos asuntos no conviene hablar. Conviene, eso sí, multar a Borrell y a Obiols por votar en el Parlamento Europeo a favor de los inmigrantes. Acudo por la noche a un concierto de Gloria Gaynor, la inolvidable intérprete de “Sobreviviré”, y a la salida aterrizo en una tertulia de derrotados donde suelo escuchar infundios muy verosímiles. Esta noche aseguran que la Infanta Elena entrará pronto (al regreso de vacaciones, que tampoco se va a quedar sin paseos en barco y baños a la luz de la luna, sin Marivent y todo eso) a trabajar en la Fundación Mapfre; es un alivio en estos tiempos de crisis. No falta en la tertulia quién protesta, pues según él toda la Familia Real cobra del Presupuesto una cantidad importante y es muy injusto que acepten otros empleos remunerados. Este contertulio es un cándido, sin duda, por más que haya militado muchos años en el PSOE y haya sido director general. Hay, como sabéis, muchas clases de socialistas, y la voluntad de la mayoría ha sido secuestrada demasiadas veces por quienes ocupan el poder. ¿Para qué hablar de laicismo en el Congreso si el Presidente ha dicho públicamente que no cambiará el estatus de la Iglesia Católica? ¿para qué jugar a las prendas, yo me quito la corbata, tú los zapatos, ella las medias, manteniendo en vilo a muchos militantes que no imaginan qué se quitará Bibi para mantenerse en primer plano? En esas tertulias de gente con ambiciones caducadas se dicen a veces frases agudas: “¿por qué la gente está tan asustada? Porque sabe que está en medio de un temporal y sufre el síndrome del piloto borracho. Zapatero será abstemio, pero demuestra cada día que no puede gobernar la nave”. Una pena. Esta ciudad ha presumido de tener en el Retiro un monumento al Diablo, dicen que único en el mundo, pero ha envuelto en silencio la vida de algunos moradores con dudosa reputación. No temáis que vuelva a contaros las andanzas nocturnas de Ava Gardner (¿dónde no habrá gemido de placer esa mujer tan bella?) ni los amores aristocráticos de algunos futbolistas, pues la actualidad me lleva hasta La Moraleja, donde he visitado la mansión, hoy en venta, que antaño ocupó Marcos Pérez Jiménez, dictador de Venezuela en los lejanos años cincuenta y residente aquí hasta su muerte en 2001. Por doce millones de euros podréis disfrutar de sus quince mil metros cuadrados, tres mil edificados, de su búnker antinuclear y su galería de tiro, de su garaje para veinte coches y de otros placeres más habituales. Tal vez las paredes os revelen qué habló su propietario con Chávez cuando éste le visitó en 1998 para pedirle apoyo, o cómo perseguía en motoneta, hasta rendirlas, a famosas actrices de Hollywood por las playas de Isla Margarita. Fue un malvado, pero muchos venezolanos le añoraban porque bajo su dictadura había trabajo y dinero. También él, tras perder el poder, hizo un giro a la izquierda de si mismo.
06/07/2008