Gasolina
05/10/2011 - Manuel Jabois
La Operación Campeón, ese título excelso que le ha puesto la policía al caso de corrupción de Igape y por el que debería llevarse hoy el Nobel de Literatura («precisión exacta del devenir humano, oscura concepción del ser y sus circunstancias», diría la Academia) ha acabado siendo letra de reggaeton. Esos intercambios de confidencias y peticiones de favores que antes se hacían en despachos de moquetas lujosas y osos disecados en una esquina, junto a una bandera gorda de España, se ve que ahora se desplazan a las gasolineras de Lugo porque la crisis llega también a estas cosas, sean las que sean. Yo me imagino al empresario Dorribo encima de un descapotable cantándole a Blanco «dame más gasolina, dame más gasolina» y esbozo esa sonrisa malvada de desconcierto, tan gallega, que imagino que fue la que esbozó, sin tanta pasión, José Blanco al desayunarse con El Mundo. Seamos serios: todo lo que rodea a la carretera tiene el punto sórdido de encuentros canallas. Para citas de gente importante, incluso a nivel bajuno, están los reservados de las cafeterías o los pisos de un tercero que celestinea bajo comisión. Lo único que hace un ministro citándose con un empresario en una gasolinera es aquello a lo que se dedicaban los modelos superguapos de Zoolander, que se bañaban a risas entre chorrazos de manguera hasta que uno, siempre el más campeón, encendía una chusta.
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