La ciudad de San Francisco recuerda durante estos días los 50 años del estreno de ‘Vértigo’, una de las mejores películas del director Alfred Hitchcock, ambientada por completo en esa ciudad y que junto con títulos como ‘Encadenados’ y ‘La sombra de una duda’, es una de mis preferidas de su riquísima filmografía. Con ‘Vértigo’ el director británico nos presenta dentro de sus acostumbrados escenarios, cargados de simbolismo y espectacularidad, todo un fresco sobre la conducta del ser humano dentro de una trama anecdótica, cómo suele ser habitual en su cine, para desentrañar así un singular rompecabezas sobre el amor, la vida y la muerte. Pero ‘Vertigo’ es mucho más, es la resurección visual de una forma moderna de entender el cine, de subvertir las normas establecidas por el cine clásico para configurar una de las narrativas más fascinantes del mundo de la imagen y de la que a partir de ella se irían planteando nuevos caminos y apuestas que beben directamente de su inagotable y retorcida imaginación. En su momento no fue considerada la obra maestra en que el tiempo la ha convertido, como suele suceder con todo aquello que se adelanta varios años a su época. La espiral por la que nos conduce Alfred Hitchcock nos atrapa en una incursión por nuestra propia mente, por los delirios del ser humano ante sí mismo, a través de unas obsesiones que hoy en día están plenamente vigentes.
09/05/2008