Cambian los tiempos, cambian los soportes

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  • Sábado 17.05.2008

Cambian los tiempos, cambian los soportes


Etiquetas: J. A. Xesteira

J. A. Xesteira.

El cine, como otras muchas cosas, ya no es lo que era, ni lo que será. Los que conocimos un cine de sacar entrada y agruparnos en la multitud a oscuras, para recibir la iluminación, la belleza, y compartir así un rito mágico, seguramente echaremos de menos (o no, a juzgar por el vacío de las salas de cine) otros tiempos y otros modos. Y lo que se nos avecina lo podemos ver en la reciente firma entre el gigante de los ordenadores Apple y once estudios de Hollywood, por la cual las películas saldrán a la venta al mismo tiempo en DVD y en el servicio de venta de contenidos culturales de la firma. Sucede que así se ahorrarán el soporte físico, que ahora ya vale muy poco, aunque al cliente le cueste mucho, y todo se irá en grandes inversiones de propaganda. Parece que el futuro de las salas es más negro. Un caso similar ya funciona con la música, una vez que la industria estranguló a su gallina de huevos de oro. Ahora mismo el sistema iTunes, de Apple, se convirtió en el mayor proveedor de música de los EEUU, superando a la cadena de supermercados Wal-Mart. El soporte ya no importa, desde el vinilo hasta ahora mismo, a punto de desaparecer el pequeño disco plateado que almacena en sus arcoiris docenas de los antguos contenidos analógicos; todo cabe ya en una tarjetita que enchufamos directamente al cerebro en MP3, en los iPod o en cualquier futuro inimaginable. Ahora mismo, los artistas tienen que volver a la carretera y a los escenarios, al directo, porque las regalías de sus discos no les sirven para nada, sus propios empresarios lo hicieron así. Puede que acabe por desaparecer la canción, la difusión de esa canción, la preparación, la grabación, la música apresada en sabe dios que soporte y pasemos directamente a recibir el concierto, en imagen y sonidos impecables, que se esté celebrando en cada instante en algún lugar del mundo; todo se andará. Por ahí se perderán momentos mágicos de algunas grabaciones en las que los músicos se dejaban llevar y aparecía la comunión de instrumentos, voces y sentimientos de los grandes artistas. El cine virtual, repartido a través de la Red, ese avance técnico de importancia sólo comparable a la invención de la rueda o de la pólvora, ha destruido una manera de entender las cosas. Pero queda la nostalgia, para la cual es indispensable la utilización de los nuevos recursos, que permiten recuperar el cine de nuestra formación cultural, aquellas películas con las que nos fuimos haciendo personas y a las que, de alguna manera, adoramos; sólo pueden volver en forma de imagen digital, y ahí no hay competencia a las nuevas tecnologias, que restauran para nosotros aquellos mitos que permanecían cubiertos de polvo y moho en los grandes estudios y que vuelven a maravillarnos después de nosecuantos años. Las pantallas reproductoras, interactivas, que acabarán por constituir el altar del hogar, permiten cada vez más y más barato enfrentarnos con nuestras ilusiones culturales y poder volver a ver el pasado en forma de película, en la que probablemente todos los héroes y heroínas que se besan en pantalla ya están muertos. El peligro de ese futuro, que ya es casi pasado, está en que de alguna manera, el control es cada vez más fuerte por parte de los medios de producción, pero, al mismo tiempo, y de forma paradógica, el propio sistema crea sus anticuerpos para poder combatirlo. Se destruirán las salas porque la voracidad del poder económico quiere más beneficios y los quiere ahora mismo, y las salas son lentos mónstruos del pasado, dinosaurios que perecen por su propio peso y tamaño Los últimos datos de recaudación y asistencia a cines en España, en enero y febrero nos dicen que la cuota del cine español fue del 26 por ciento, animada por películas como “Mortadelo” o “Los crímenes de Oxford”, pero que en marzo bajó al 5 por ciento por la aparición de “10.000” y “Horton” (dos subproductos americanos que ya deben estar en DVD) Con cifras en la mano parecería que el cine español es malo y el americano lo hacen mejor, pero en este terreno sigue rigiendo el sistema de las moscas y la mierda, ya saben. Precisamente las mejores películas de Hollywood son las que menos espectadores llevan a las salas, son esas que vienen en el paquete de las porquerías que la industria impone. Películas tangenciales, como la española “23 días” o la americana “La familia Savage”, por poner dos ejemplos que todavía están en cartelera, filmes hechos con arte, ganas y audacia, pasan sin pena ni gloria. El cine tal y como lo conocimos ha muerto por una razón muy simple: dejó de ser una actividad social, un acto ritual en comunidad, para pasar a ser un acto individual.

08/05/2008

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