Calvo- Sotelo

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  • Sábado 17.05.2008

Calvo- Sotelo


Etiquetas: Jenaro Castro

Jenaro Castro.

Ribadeo tiene a la vez ese aire señorial y decandente de la villa que fue. Ribadeo es la versión gallega en miniatura de Lisboa, una ciudad gastada por el tiempo pero vital en su latido. Ribadeo se aupa sobre el mar bravo del norte colgada de la cuesta del futuro. Y rodando en su piedra peatonal transita la memoria de un pasado de tronío que soñó hace siglos con mares más cálidos; amoríos de piratas en tocata y fuga de la ría hacia un horizonte lejano. Ribadeo no es sólo la playa de las Catedrales, con sus grutas de secretos escondidas como tesoros en misteriosas galerías. Ribadeo es la tierra adoptiva de Leopoldo Calvo-Sotelo, un ser humano de aspecto serio cuya cercanía entrañable y humana merece el homenaje del prestigio y del recuerdo. Poco queda por decir de Leopoldo Calvo-Sotelo. Cualquier cosa menos consagrar toda la herencia a su fino sentido del humor, como han hecho algunos desde la premura de la muerte repentina. Todo menos unir al registro de su inteligencia la gracia intelectual de sus chistes naturales. Los gallegos sabemos que esa retranca es la expresión pura de una filosofía que ha heredado Rajoy pero que jamás tuvo Fraga. Se le ha presumido a Calvo-Sotelo, con razón, una cultura y preparación muy superior a los demás presidentes de la democracia. Si pensamos en el encanto valiente de Suarez, el carisma mediático de Felipe, la raza política aunque impopular de Aznar y la encontradiza fortuna de Zapatero, debemos convenir que Calvo-Sotelo estuvo y está muy por encima. Y sin embargo, fue el presidente más breve, marcado por la forja de la intentona golpista, y resuelto a dejar su huella aperturista, centrista, en eso que todos conocemos como Transición. Un espíritu que ahora han querido desvirtuar bautizando los sucedidos presentes y recientes como segunda Transición. Sin embargo, esa osadía se tornó en despropósitos estatutarios por falta de consenso y en desigualdades territoriales manifiestas que el Constitucional amenaza con avalar desde el relativismo de las cosas mal hechas o manifiestamente mejorables. Mariano Rajoy es el heredero más completo de Calvo-Sotelo porque representa esa galleguidad de capital y morriña, con nivel y formación, que el centro-derecha español mostró en contadas ocasiones desde la muerte de Franco. Como Calvo-Sotelo, Rajoy es moderado, nada sectario, libre de pensamiento y ataduras como demuestran los acontecimientos internos del PP, incluida la última muestra de lealtad de Acebes. Ese aire de independencia, de solvencia, se utiliza contra Rajoy. Pero como le pasó a Calvo-Sotelo cuando aprobó la Ley del Divorcio arriesgando la unidad de una maltrecha UCD heredera del pasado, Rajoy sabe que debe hacer la propia transición del PP hacia el verdadero centro moderno, reformista y liberal. Algunos historiadores mantienen que si Calvo-Sotelo hubiera adelantado las elecciones tras el 23-F hubiera ganado por mayoría absoluta. Pero seguramente tocaba cambio en este pais de retórica y complejos guerracivilistas para consolidar los valores de un país nuevo que apostaba por la monarquía parlamentaria y por la democracia. España caminó con éxito por el sendero de la libertad hasta nuestros días, aunque algunos se quieren atribuir la paternidad absoluta del milagro español que permitió superar la dictadura franquista. Como escribió en sus memorias y en la prensa el propio Calvo-Sotelo, nadie le puede quitar a los padres de la Constitución y a los arquitectos de la Transición el mérito de su atinada gesta. Ni siquiera los que pretenden cambiar la memoria de la Historia con exclusivismos republicanos y con amagos doctrinarios que van de las leyes a la propia educación de la ciudadanía. Quizás es eso lo que debemos decir de Calvo-Sotelo. Que las gentes como él, a los que etiquetan peyorativamente de derecha extrema, hicieron posible la España de hoy. Esa unanimidad ha sido reconocida por el actual Gobierno socialista con palabras y honores de Estado. Y eso honra a este Ejecutivo salido del 9-M, después de un comportamiento errático en la pasada legislatura. En ese camino se hubieran podido encontrar sin estrecheces Calvo-Sotelo, Suárez, González, Aznar y Zapatero. Lo estoy viendo. Veo un señor elegante y despistado, con aire intelectual y fina retranca, bajando al puerto de Ribadeo desde la plaza de la vida. Es Leopoldo Calvo-Sotelo, que pasea por su tierra adoptiva satisfecho y orgulloso de su obra.

06/05/2008

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