En las fechas de efemérides es necesario revisarlas desde valores del presente. Llegaremos a conclusiones inéditas. Recuerdo que uno de mis libros favoritos de juventud eran los conocidos Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdos. Cuántas veces desee emular a aquellos héroes que sacrificaban su vida gustosamente para eliminar a los impíos gabachos. La Iglesia Católica y el franquismo intentaban llenar nuestro espíritu de valores como el martirio y el sacrificio por la religión y la monarquía. Recuerdo a los Héroes de Ponte San Paio, y su famoso Cañón de boj, al niño que se cortó la lengua para que los franceses no le hicieran hablar, al farmacéutico que invitó a los franceses a comer viandas envenenadas, de las que él también comió, etc. Pero hasta que llegó la democracia, nadie hablaba de la traición de los Borbones al pueblo español. Su entrega y sumisión a Napoleón, las luchas entre padre e hijo para ocupar el trono, fueron el motivo que produjo la “sedición” de la monarquía hacia los españoles. Decía De Lourdonaix que “la dignidad real ha salido del pueblo”, cuestión que como todos sabemos es mentira. La dignidad real salía de la fuerza de las armas y de las conveniencias internacionales de esa época. Pero esa dignidad real, admitiendo sus principios, se pierde en el momento en que no se pone al servicio del pueblo, que le ha otorgado tan alta representación. No recuerdo quién es el autor de la siguiente frase: “En la dignidad real la omisión de sus deberes trae inevitablemente la pérdida de sus derechos”, y la casa de Borbón, con su entreguismo a Napoleón, perdió todos sus derechos. Carlos IV y Fernando VII fueron unos traidores con los españoles. Mientras el pueblo se levantaba contra la errónea estrategia de ocupación empleada por el ejercito francés en España y el laicismo de José Bonaparte, los Borbones, padre e hijo, vivían como “reyes” en su dorado “exilio francés”. La aristocracia, parte del clero y el ejercito español, formado esencialmente por miembros de familias nobles, se arrimaban a la nueva casa reinante para ver los privilegios que podían conseguir. Fueron débiles en sus principios y en sus obligaciones, como decía Montesquieu: “La vida de la corte es una continua servidumbre”. Después de haber pasado del absolutismo al despotismo ilustrado, y al liberalismo, gracias a las exigencias de los que habían expulsado a los franceses, el pueblo se equivoca y reponía en la corona a Fernando VII, que le faltó tiempo para traer a España a los Cien mil hijos de San Luis, y así imponer, otra vez, la monarquía absolutista. Decía Napoleón: “Nada hay más imperioso que la debilidad cuando conoce que está apoyada por la fuerza”. Ni hubo El Deseado, ni respecto al pueblo que lo liberó... hubo traición. A Fernando VII le faltó la grandeza y la valentía de reconocer al pueblo que se sacrificó por la libertad, y que él se la secuestró ejerciendo como tirano absolutista que acabó con una incipiente época liberal. Para los Borbones de la época, el ejercer su dictadura era la aplicación de sus derechos sagrados, pues se los había entregado el propio Dios. Esta actitud y pérdida de libertades hizo que muchos españoles empezaran a preguntarse por los derechos dinásticos. Lo que nos llevó a una continua lucha política, primero entre liberales y absolutista, después entre monárquicos y republicanos. Aún hoy estamos pagando las consecuencias de ese terrible error que cometieron los ciudadanos al reponer a los Borbones, aunque como decía Napoleón: “Los pueblos se salvan de todos los reverses, excepto de aquel que consiente su oprobio”. Realmente lo que celebramos en estas fechas es el derecho soberano de los ciudadanos a tomar decisiones por sí mismos y de forma espontánea. El Dos de Mayo no necesitaron el plácet del la Iglesia ni del Rey, simplemente se levantaron para reclamar su libertad, e incluso su derecho a equivocarse. Fue una verdadera revolución, pero reprimida por aquellos a quien se quiso salvar. Como decía Napoleón: “En toda revolución hay dos clases de personajes: los que la hacen y los que se aprovechan de ella”. Para muchos, estas fechas son el triunfo de la voluntad del pueblo, hecho que fue ocultado de forma sistemática por los poderes que piensan que éste sólo lo da Dios. Quizás de esta efeméride podamos extraer una enseñanza, que en palabras de Euripedes se resumiría así: “El rey debe tener presente tres cosas: que gobierna hombres que debe gobernarlos según la ley, y que no siempre gobernará”.
05/05/2008