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El adiós de una auténtica guerrera

Ana Romero, directiva de Adicam, falleció este martes tras varios días hospitalizada en Montecelo ►Sufría una lesión medular de causa desconocida desde hace tres años

Ana Romero. ADICAM

Ana Romero. ADICAM

Cuando Ana entró en el hospital en 2014, no se podía imaginar que la vida volvería a darle la espalda. Había superado un cáncer de mama, cuyas secuelas no se quedarían en meras cicatrices, y de repente le dijeron que sufría una lesión medular, aunque no sabían precisar la causa. De ese tipo de golpes solo se recompone alguien valiente. Ana estuvo un tiempo ingresada, entre pruebas y diagnósticos, cansando el cuerpo entre tantas batas blancas. Pero cuando le dieron el alta no se fue a descansar. Le pidió a su marido, Víctor, que la llevase a la presentación del libro de Xurxo Souto en el Museo Massó, que eso ella no se lo perdía.

Hoy Ana ya no está. En la madrugada del martes, después de librar la batalla contra la pérdida de movilidad, los dolores y las complicaciones, su cuerpo dijo basta. En la habitación del Hospital Montecelo en la que llevaba ingresada varios días y donde le acompañaban todos sus seres queridos se despidió este mundo, que se quedó huérfano de su coraje, de su entrega y de sus ganas de no rendirse nunca.

Bueu lloró este martes al conocerse la triste noticia. Fernando Miranda, de la Librería Miranda, y amigo de Ana y de la familia, recuerda esa anécdota de la directiva de Adicam, entrando con andador a la presentación de Souto. "Ela sempre varría para aquí e para Banda do Río. Cando estaba activa, sempre andaba presumindo de pobo e era unha muller namorada da cultura", cuenta Miranda, con voz de tristeza.

"Siempre me decía: ¿Rendirse, Olga? Nunca. Hay que caminar siempre hacia delante"

"Ella era decidida, activa, buena persona y una gran mujer". Así la recuerda Olga Sotelo, la actual presidenta de la asociación que lucha por encontrar una solución al cáncer de mama y que apoya a las mujeres que lo padecen. "Era una campeona. Siempre me decía: ¿Rendirse, Olga? Nunca. Hay que caminar siempre hacia delante. Llevaba muchísimos años en la directiva, y por muy enferma que estuviera, siempre trataba de seguir abriendo fronteras para mejorar la calidad de vida de las mujeres que tenemos cáncer".

Ana tenía 52 años. Despedirse de ella "es muy duro de sobrellevar", dice Olga, que no puede evitar mirar atrás, a los nueve meses fatídicos que han vivido. "Han fallecido otras dos compañeras, la que era nuestra presidenta, Fina, de 41 años", y otra amiga que no llegaba a los 50. "Estamos hundidas", reconoce la presidenta de Adicam, "pero no podemos estarlo. Este barco tiene que serguir navegando".

De todas maneras, Olga es consciente de que el tiempo de lucha de Ana tenía que llegar a su fin. "Los últimos dos años fueron muy duros", la lesión medular le hizo perder la movilidad tanto en los brazos como en las piernas, y aunque estuvo durante todo ese tiempo en un centro en A Coruña, trabajando en su rehabilitación de la mañana a la noche, con su marido y sus dos hijas apoyándola en su irrefrenable deseo de vivir, la fortaleza de Ana mermaba sin que nada pudiese frenarlo.

El funeral se celebrará este miércoles en la iglesia de Beluso, a las 18.00 horas. El cariño que se desprende de las redes sociales hace pensar que no habrá huecos vacíos en el templo. Todos saben lo importante que fue Ana para Bueu, para la lucha contra el cáncer, para la dignidad de la mujer y para servir como modelo de resistencia. "Gracias por salvarme cuando lo necesité", se podía leer este martes.