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Ernesto Caballero, el director

Ernesto Caballero

Científico, humanista, profesor, fotógrafo, alcalde y el director por excelencia del Instituto de Pontevedra; tanto es así, que lo fue durante veinte años y lo recuerda una calle del municipio que lleva su nombre

El Instituto de Pontevedra se creó por Real Orden del 30 de octubre de 1845, cuando se construyeron centros de enseñanza secundaria en todas las capitales de provincia con la Ley Pidal. Por sus aulas pasaron nuestros padres y abuelos. Explica Prudencio Landín, en De mi viejo carnet, que Ernesto Caballero era: «Hombre de sociedad y de finas maneras, era un conversador amenísimo». Su verdadera pasión fue la enseñanza y la investigación, en la que destacó en el campo de las diatomeas.

Ernesto Caballero Bellido nació en Salamanca el 5 de agosto de 1858. Hijo de Carmen Bellido Tojar y Alejandro Caballero de la Rúa, que era médico y profesor en la Universidad de Salamanca. Sólo tuvo una hermana que se llamaba Florinda.

A los doce años aprende fotografía de la mano de su padre, según sus propias palabras en una carta a Santiago Ramón y Cajal: «Hacía fotografía al colodión con mi padre». A los veintiún años aprueba unas oposiciones y se establece en Gijón, como Catedrático de Física y Química y allí conoce a la que sería su mujer, María de la Concepción Mónica López y Rodríguez de Llama, con la que tuvo cuatro hijos: Concepción, Ernesto, Alejandro y María del Carmen.

Se traslada al Instituto de Enseñanza Secundaria de Pontevedra y, hacia 1885, empieza a impartir clases de Ciencias Naturales. En palabras de Prudencio Landín, que fue su pupilo en el Instituto: «Era D. Ernesto de los pocos hombres de ciencia esclavos del orden y la disciplina», porque su laboratorio estaba impoluto.

Empieza en nuestra ciudad una etapa muy activa de su vida, tanto social como laboral. Alternaba las clases del Instituto con sus trabajos de investigación sobre las diatomeas con conferencias y seminarios sobre temas científicos. Visitaron su laboratorio del Instituto, «que parecía el tocador atildado de una dama cuidadosa», personalidades como Echegaray o Miguel de Unamuno. Este último visitó Pontevedra en agosto de 1912, con motivo de los Juegos Florales organizados por el Recreo de Artesanos en el Teatro Principal, y puso fin al evento con un polémico discurso «menos que mediocre y lleno de frases y conceptos despectivos para nuestra amada Galicia, contra lo que nadie protestó», según se lamentaba el semanario El Cruzado.

A Caballero lo nombran técnico de la Casa de la Luz en 1888, conocida como 'la fábrica', y que haría de Pontevedra la segunda ciudad de España, y primera de Galicia, con alumbrado eléctrico. Ernesto, en una carta, le comenta a su amigo de profesión Santiago Ramón y Cajal: «Me levanto en todo tiempo a las 7, tengo mi cátedra a las 8 1/2 y cuando salgo me voy a las oficinas y fábrica de luz eléctrica de cuya empresa soy algo así como director facultativo». La puesta en marcha y mantenimiento del alumbrado público eléctrico también fue polémico: «Con los frecuentes cambios de personal que se verifican, á la empresa le pareció poco el lucro que obtiene del negocio, y suprimió empleados y disminuyó sueldos a placer». La cosa llego a tal punto que, un año después de tantos desvelos, lo despiden: «Uno de los funcionarios á los que sacrificó en aras de su egoísmo, fué al director facultativo D. Ernesto Caballero, después de haberle hecho mutilaciones en el sueldo». Comienza a padecer un problema de salud, que él mismo califica como dispepsia, que le produce un desequilibrio nervioso, además de padecer del estómago, cuestión que achacaba a los problemas, derivados de los quebraderos de cabeza, que le daba la gestión de La Casa de la Luz.

Hacia 1892, gracias a sus conocimientos de fotografía, comienza en serio su trabajo con la microfotografía aplicado al estudio de las diatomeas que le daría prestigio a nivel nacional. Se presentó a alcalde de la ciudad con la candidatura monárquica por el distrito de Santa Clara con Baltasar Moreira y Manuel Casqueiro. El 1 del agosto de 1899 fue nombrado Alcalde pero, aunque poco después presenta su renuncia, finalmente lo reconsidera y continúa unos meses más en el cargo. Un año más tarde, en diciembre de 1900, toma posesión de la plaza de director del Instituto de Pontevedra. Como profesor se llevó la admiración de sus alumnos por su buen talante y buen hacer: «Sabía interesar a sus alumnos, atraerlos, recrearlos, llegar al fondo de sus almas con la luminosidad de aquellas lecciones diáfanas, precisas y brillantes», explicaba Prudencio Landín. Fueron alumnos destacados del Instituto durante esos años: Sánchez Cantón, Loureiro Crespo, Blanco Porto, Augusto González Besada, José Filgueira Valverde o Adelaida Herreros, entre otros.

Era asiduo a las tertulias literarias de Concepción Arenal, en el segundo piso del número 27 de la calle de la Oliva; a las que asistía también Casto Sampedro, Augusto García Besada o el poeta Renato Ulloa. Sus problemas de salud continuaron con los años y sufrió una pérdida de audición que terminó en sordera, lo que acabó por aislarle del mundo. Para colmo, su faringe le impedía hablar más de quince minutos seguidos, y usaba una libreta y un lápiz para comunicarse.

En 1921, un año antes de jubilarse, su sueldo de catedrático era de 10.000 pesetas al año. Después de veintidós años como director del Instituto, se jubila en 1922 y se le conceden honores de jefe de Administración civil. Falleció a los 76 años en Pontevedra, el 2 de febrero de 1935, y está enterrado en el cementerio de San Mauro. Su importante obra científica la donó en vida al Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Se recordará, también, por ser el director que más años se mantuvo en ese cargo en el Instituto.

Fuentes: El Correo de Lugo, El Combate, El Diario de Pontevedra, As investigacións micrográficas de Ernesto Caballero (1858-1935) de Xosé A. Fraga y varios, Ciudad, La Noche, El Progreso, De mi viejo carnet de Prudencio Landín, La Correspondencia Gallega, El Cruzado, El Combate, La figura de Ernesto Caballero Bellido en el Instituto de Pontevedra de 1900 a 1921 de Eva Vidal Maquieira, El Compostelano y O instituto de Pontevedra: Século e medio de Historia (1845-1995).

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