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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Nicolás Maduro
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Julián Rodríguez

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Un repartidor pasa ante una oficina del Banco Popular

Popular: ¿rescate o expolio?

Algo falla cuando serán los jueces, de nuevo, quienes acaben por resolver una crisis bancaria

CUANDO A mediados de los noventa Caixa Galicia, entonces con músculo, pierde la puja con la Caixa Geral portuguesa para hacerse con el Banco Simeón, con sede en Vigo y en manos de Francisco Luzón (Argentaria y Banco Exterior), el cabreo fue tal que el alcalde coruñés, Francisco Vázquez, íntimo de José Luis Méndez, anunció una retirada masiva de depósitos y el cierre de cuentas del ayuntamiento en las oficinas de todas las entidades del grupo público. Méndez había igualado la oferta lusa y ni con esas. Un banco público que se vendía a Portugal frente a la opción gallega. Francisco Vázquez, entonces socialista y con un gobierno amigo en Madrid, sabía dónde podía hacer daño. 

Los depósitos. La savia para un banco. Esa ha sido una de las claves de la muerte súbita del Popular, supuestamente, y será también una de las piezas que contribuyan a recomponer la situación de la mano del Santander. Para empezar, y sin que todavía tengamos demasiadas pistas claras de tiempos y mecanismos, una de las primeras opciones que baraja el equipo de Ana Patricia Botín es retener a los clientes y, entre ellos, también a los que eran accionistas y acudieron a la última ampliación de capital. Especial guiño hacia ellos. Podías tener acciones del Popular, que ahora valen cero, que si no eres cliente (cuentas corrientes, fondos de inversión, hipotecas, depósitos) vales mucho menos ahora para el Santander. Cruda realidad.

Entre esos clientes y accionistas estaban también los empleados. Según los cálculos de los sindicatos, entre siete y ocho de cada diez trabajadores del Popular habían acudido, en mayor o menor medida, a esa huida hacia adelante de la ampliación, con financiación del propio banco. Lío mayúsculo, que en nada garantiza paz social en una entidad que la necesita más que nunca, y cuyos empleados vienen de unos usos y costumbre muy paternalistas, como eran el Popular y el Pastor.

En estado de shock siguen los trabajadores, que solo aciertan de momento a organizarse, sin tener del todo claro que el principal objetivo, al menos en Galicia, con esos tres bancos que ahora son uno, es el mantenimiento de cuanto más empleos mejor. Olvidemos la marca Pastor de una vez. Es una batalla para el corazón, no para la cabeza. Con la absorción por el Santander, será la segunda vez que la entidad gallega cambie de manos en cinco años. Ya era un banco de cartón piedra en el balance de su propietario, el Popular, desde 2012. Y se ha ido con su dueño. Mero atrezzo sería mantener la marca ahora. Lo sustancial no está precisamente ahí. Reside en los trabajadores (puro encaje de bolillos evitar un ERE con una red que será diezmada) y en los accionistas que han perdido toda su inversión y todavía no saben muy bien por qué.

Una semana después de la intervención y adjudicación, las incógnitas van a más. Inspectores del Banco de España que ponen en duda la solución adoptada, informes exprés que nadie conoce de consultoras externas para justificar lo que muchos consideran un expolio, cascada de contradicciones de un ministro, Luis de Guindos, que alude a un banco zombie cuando antes, muy poco antes, aplaudía su solvencia... Si era un banco solvente y tuvo un grave problema de liquidez, como se nos cuenta en ese relato oficial, ¿por qué no solucionar los problemas de liquidez manteniendo las líneas de financiación por parte del Banco Central Europeo? Alguien se cansó de esperar, y todavía no tenemos del todo claro quién.

Con todos los precedentes de una crisis financiera que a todas luces se prolonga, empeñe quien se empeñe en decir lo contrario, buscar las causas de todo este monumental atropello para los accionistas del Popular será cosa de los jueces. Ellos serán los encargados de reconstruir una historia que, de momento, se oculta. Por algo el FROB, que es lo mismo que decir el Banco de España, que a estas alturas es ya mero apéndice del Gobierno, se cuidó tanto el mismo día de la intervención de explicitar el andamiaje jurídico al que había recurrido el BCE para asestar el golpe de gracia al Popular. Mecanismo Único de Supervisión, Junta Única de Resolución.... Márketing financiero.

Tras el crash del 29, en los años treinta, la Reserva Federal de Estados Unidos se esforzó en crear una estructura para resolver crisis bancarias, que se contaban por millares. Tuvo corta vida. Y le dio un nombre aparatoso, en gran medida para preservar el suyo propio. Como sucede ahora con nuestro Banco de España y el Banco Central Europeo. De expoliar y rescatar el Popular, según se mire, se han encargado el Gobierno de Rajoy y la Unión Europea. Por mucho alambique nominal que se emplee.

Amancio Ortega, la caridad y la filantropía
¿En qué quedamos? ¿Es Amancio Ortega un rácano que apenas devuelve a la sociedad lo que ésta le ha ayudado a levantar o un indolente que con apatía se rasca el bolsillo para insultar con sus limosnas a los españoles? Lo que está claro es que en una misma persona no pueden convivir dos personajes tan distintos como los descritos en la pregunta. Viene todo esto a cuento, cómo no, de la polémica suscitada por la millonaria donación para equipos de mamografía en la sanidad de todas las comunidades realizada por la Fundación Amancio Ortega. El asunto ha llegado al Congreso y se ha colado hasta en el debate de la moción de censura planteada por Pablo Iglesias.

El de Ortega es un gesto, un gran gesto, que si algo revela son las carencias de la sanidad pública española, en cierta medida derivadas de años de crisis y ajustes. Donar 320 millones de euros, y hacerlo con un carácter finalista, es decir, apuntando al qué y al cómo, en síntesis, al destino del dinero, es una costumbre muy sana en otras latitudes. Y tiene mucho que ver con la búsqueda de la eficacia por parte de un mecenas y sus asesores: cuando detectan un problema, se marcan unos objetivos e intentan resolverlo. Sin duda, esa donación tiene seguimiento por parte de los chicos de Ortega.

Echar un vistazo a nuestro alrededor y, a la vez, repasar los números de la fundación que preside el creador de Zara dan para mucho más. El patrimonio de la institución del fundador de Inditex no llega a los 60 millones de euros, frente a los más de 70.000 millones en que estima Forbes su riqueza. Con eso queda todo dicho. No es caridad. Es filantropía. Y mucha más que hace falta.

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M martes 20 de junio de 2017, 10:52
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expolio