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Rodrigo Cota

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Monolito señal en una rotonda en Sanxenxo.

Feísmo

Hay que acabar con el feísmo, hay que acabar con el feísmo. Estoy harto de escuchar esa frase. Poco a poco, nos fueron convenciendo de que nuestro acento es ridículo; nuestro clima, malo; nuestras casas, feas. A ver, paletos: ¿hay algo más hermoso que una capilla románica del S. XII a la que el párroco adosa una construcción de bloques de cemento para ampliar la sacristía? Bien, puede que sí exista algo más hermoso, ahora que lo pienso. Quizá no elegí el mejor ejemplo.

Pero aquí lo que importa es el fondo de la cuestión. El propio nombre que se le ha puesto al asunto indica que quienes lo bautizaron así lo hacían de manera malintencionada. ¿Qué es eso de feísmo? ¿Quién decide lo que es feo? Si lo decidiera yo, por ejemplo, diría que feas son las casas de Gaudí, y no voy por ahí riéndome de los catalanes. Al contrario. A lo suyo le llamamos modernismo porque los catalanes merecen un respeto y los gallegos no, al parecer. Si nosotros aprovechamos un somier viejo y cuatro uralitas para hacer un gallinero somos unos desgraciados, pero Gaudí monta un parque con azulejos rotos y le llaman genio. Pruebe usted a decirle a un catalán que el parque Güell es una horterada de dimensiones bíblicas. Gaudí arrasaría hoy en el municipio de A Lama haciendo casas horteras para millonarios. Pero claro, los japoneses van a hacerse fotos a Barcelona porque los gallegos somos feístas y los catalanes modernistas. También porque nosotros somos muy de renegar de lo mejor que tenemos, cosa que no saben hacer los catalanes.

El feísmo es la esencia del espíritu gallego, de su carácter práctico, ingenioso y sencillo. Es una seña de identidad. El feísmo es la retranca arquitectónica. Tendría que enorgullecernos. Tendría que ser estudiado, divulgado, premiado, promocionado, reconocido, catalogado, protegido, conservado y subvencionado. En lugar de eso, es motivo de escarnio. Y lo que es peor, nosotros mismos acabamos avergonzándonos, o la mayoría de nosotros. No me incluyo, claro queda. A mí, esas casas con el ladrillo a la vista, esos hórreos de los que salen alambres para tender ropa, esas botas de agua que hacen de macetas, esos sillones viejos que convierten en salones las marquesinas de las paradas de autobús, me parecen lo más hermoso del mundo. Eso a lo que llaman feísmo es inteligencia, practicismo, honestidad y, mejor que todo eso, una sana carencia de complejos irracionales.

Hace unos meses vi a un señor por la calle con un paraguas a la espalda, colgado del cuello de la chaqueta. Llevaba años sin ver a ninguno. Anteriormente era una escena más o menos habitual. Los señalábamos y nos reíamos de ellos, hasta que conseguimos convencerlos de que algo estaban haciendo mal y dejaron de hacerlo. Pues si alguien conoce una manera más inteligente de llevar un paraguas mientras no llueve, que lo diga. El paraguas a la espalda te deja las manos libres, no estorba ni ocupa espacio y nadie te lo roba cuando entras en una tienda, pues no necesitas paragüero. Cualquiera con dos dedos de frente lo llevaría así, pero ya nadie lo hace porque a los señoritos de ciudad nos parecía poco elegante. Feísmo. Ahora hacemos lo mismo con las casas. Cogemos a una pareja que se ha pasado la vida en Suiza, ahorrando; que vuelven a su aldea, cogen la casa de piedra que heredaron del abuelo y le echan una planta de ladrillo por encima, e inmediatamente aparece alguien por ahí a reírse de ellos, a poner el grito en el cielo, a decirles que su casa es fea y a subir fotos para compartir la gracia. Pues no. Una casa es tan bonita o tan fea como le parezca a su propietario. Incluso si al propietario le parece fea, si usted le pregunta por qué la ha hecho así, le dirá que porque es su casa y porque así le resulta más cómoda o más barata.

Aceptar ese concepto de feísmo, ése que en lugar de reconocer el ingenio práctico lo desprecia, es una manera como cualquier otra de negar el espíritu del pueblo gallego. Conozco a gobernantes que luchan como fieras contra el feísmo mientras tienen el patrimonio arqueológico hecho un asco. Que se sonrojan cuando ven una casa que no les gusta, que persiguen a la señora que construye un refugio de chapa para sus gallinas, mientras por todo el país se destrozan mámoas o petroglifos y se caen a pedazos puentes romanos o castillos medievales.

Un día vendrá cualquiera a meterse con las carreras de carrilanas y acabaremos con ellas. Nos convencerán de que es una costumbre pueblerina, cutre, cómica; escribirán en Madrid cuatro reportajes riéndose de las carrilanas, podrán tres imágenes en la tele y conseguirán que desde aquí se oigan voces de gente muy autorizada, conteniendo el bochorno y pidiendo perdón. Y acabaremos prohibiéndolas, como acabamos con los paraguas a la espalda y como queremos acabar con el feísmo. Sucedió en su día con las policromías de los cruceiros. Alguien decidió que eran feas y nos lo creímos. Hoy han desaparecido todas salvo una o dos y ni nos imaginamos que algún día nuestros cruceiros estaban pintados y eran de colores.

Comentarios

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Diego jueves 11 de agosto de 2016, 11:01
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Hace tiempo leí un artículo sobre feísmo con el que estuve totalmente de acuerdo. Dividía en dos el feísmo, el de solución racional y barata a una necesidad y el solucionable. Un sillón en una marquesina es una solución barata y racional a un problema: no hay sitio dónde serntarse. La gente del rural, normalmente mayor, ¿tendrá que esperar de pié porque es feo? La solución no fea sería ponerle una marquesina en condiciones, pero a falta de ponérsela, la gente se busca una forma válida para solventar el problema, al alcance de sus capacidades. En el rural gallego, como en otros, siempre hubo la idea de la reutilización, ¿dónde se tira aquello que no sirve para su uso principal? También está el feísmo por ser un contraste con lo que se espera del rural (un hórreo es una construcción de piedra, con paneles de madera, cruces, pero si nos encontramos con uno de hormigón y ladrillo nos chirría nuestra visión, pero al propietario le soluciona la necesidad de almacenaje) Por último está el feísmo de ampliaciones de vivienda para meter el baño, la habitación para el nieto que se queda en casa, para el nieto que viene de camino... le decimos a esta gente que lo que debe hacer es quedarse sin baño, habitación o lo que sea porque la solución constructiva a su alcance no se ajusta a lo que nos gustaría ver en una postal? Este feísmo es causa muchas veces por el concepto de rural idializado, y porque la capacidad económica del propietario le empuja en busca de una solución económica. Si esto último mejorase, muy probablemente las soluciones fuesen constructivamente mejores. Si los puntos verdes funcionasen, puede que en vez de reutilizar la nevera vieja que no hay forma de sacársela de casa se le daría un final mejor. Y luego está el feísmo que se puede solucionar: las urbanizaciones de casas clonadas, los polígonos vacíos, los cruces aéreos de mil líneas de tensión, las galerías que no cumplen la función de galerías, las calles sin ventilación ni iluminación, los vuelos que no son vuelos, las ménsulas, columnas, y demás filigranas en fachadas, o fachadas tipo cajas de zapato en la que solo se abren unos huecos para ventanas. El feísmo urbano también existe, que uno esté más acostumbrado a ello no significa que no se deba luchar también por eliminarlo

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Roberto, outro que pensa. lunes 8 de agosto de 2016, 15:44
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Eu também penso, sí, o... yo también pienso, para contestar en el mismo idioma. Con esto no quiero dar a entender que soy un radical gallegista ni mucho menos, pero por supuesto que me enorgullezco de mi pueblo, costumbres, idioma propio, retranca... y no reniego de ello. Tampoco soy un "señorito de ciudad" ni tampoco me encierro en mi tierra. De hecho, he vivido en varios países, actualmente en Suiza. No me encierro en odios, envidias, complejos ni ganas de juzgar gratuitamente a los demás. Pero hombre... Sinceramente creo que te estas haciendo un lio bastante grande y un flaco favor a nuestra región defendiendo el "feísmo" apoyandote en un sentimiento de identidad patriótico y en los problemas que nuestra sociedad ha sufrido y viene acarreando aun hoy en dia por ese mismo motivo. No se solo me parece equivocado, si no además, altamente dañino. Por supuesto que, en ciertos casos, el "feísmo" no debería de estar tan castigado, mal visto o ridiculizado. Hasta unos limites (por algo hay ordenanzas del territorio) es un acto curioso y como bien dices hasta ingenioso, que hasta pueda tener cierto encanto o interés. Pero eso no hay que confundirlo con un sentido común de hacer bien las cosas / de construir,de respeto del territorio y el patrimonio. Tu mismo contradices tu ideología al respecto al defender actos como el de los horeros. Ni decir queda, que la comparación con Gaudi sobra, no solo constatas que no sabes de lo hablas, si no que además, no tienes respeto alguno ni por nuestro pueblo ni por los demás. El "feísmo", a su más grande escala, es algo que debemos corregir y evitar, pero eso solo lo podremos hacer desde la base, con la educación y el respeto. ¿Como podemos respetar nuestro propio legado (patrimonio arquitectónico y territorio en este caso) si ni siquiera respetamos el de los demás? Nos queda mucho por aprender. Aprendamos! Enseñemos!